Dossier Guevarismo en América Latina

“El llanto en tu nombre
es una gran traición”.

Lecturas políticas y emocionales de la muerte de Ernesto Guevara en el Cono Sur (1967-1968)

Aldo Marchesi
UdelaR

El joven abogado liberal Mariano Grondona, asesor de la dictadura militar de Onganía, luego de la muerte del Che, publicaba en Primera Plana, una de las más populares revistas argentinas, una columna titulada “Los herederos de Marx”. En ella se describía a Guevara y a Debray como la “espada” y la “pluma” de Castro que han conocido el fin de su carrera en “las selvas de Bolivia”. Luego de repasar las diferentes vertientes del marxismo desde Marx hasta Mao, reconocía en Debray y Guevara una continuidad con el pensamiento de Marx “en la pretensión de darle a la frustración de los postergados un canal racional y un programa de acción”. Y culminaba su análisis advirtiendo:

El mundo de hoy no enfrenta ya la disconformidad de los obreros industriales en el seno de cada sociedad europea, sino la desesperanza de casi todas las naciones que cubren las zonas tórridas y austral de la tierra. Los líderes revolucionarios de estos pueblos, aquellos que han perdido la confianza en la posibilidad de una reforma pacífica, no cuentan aún con un Marx propio, y por eso acuden al viejo arsenal de ideas de quien, hace más de cien años, formuló la doctrina de otro resentimiento. Esta adaptación no se logra sin crecientes deformaciones, pero si la desigualdad entre el mundo desarrollado y el mundo subdesarrollado continúa en vertiginoso aumento, nuevos combatientes y nuevos pensadores, que aún no conocemos agitarán a la humanidad con un largo período de conflictos y violencia. La muerte de Guevara y la prisión de Debray no indican, en este sentido, el fin de una situación revolucionaria: son más bien, sus primeras señales.[1]

Mientras gran parte de la prensa liberal conservadora del Cono Sur señalaba a la muerte de Guevara como el fin de un ciclo que llevaría a la reducción de expectativas en torno a la revolución continental que se había generado a partir de la Revolución Cubana, Grondona proponía una interpretación alternativa que, aunque paradójica, estaba más cercana a lo que efectivamente ocurrió.

La difusión del Diario del Che en Bolivia ilustra gráficamente la manera en que su muerte se transformó en un nuevo comienzo. En marzo de 1968 en momentos que los militares bolivianos estaban considerando vender el Diario a editoriales norteamericanas o británicas el Ministro del gobierno boliviano, Antonio Arguedas decidió hacer llegar en secreto el Diario al gobierno cubano. En marzo de 1968, Arguedas envió a un amigo con El Diario a Chile. Allí el texto fue entregado en la sede de la revista Punto Final. Desde allí el texto llegó al gobierno de Cuba. El gesto de Arguedas generó un escándalo político que lo llevó a pedir asilo político en Chile.[2] En julio de 1968 el libro fue publicado casi simultáneamente a lo largo del mundo. El gobierno cubano le concedió los permisos de edición a Punto Final para el conjunto del Cono Sur.[3]

Lo que El Diario del Che en Bolivia contaba era una compleja peripecia marcada por el gradual aislamiento político y social de la guerrilla a lo largo del año que se había intentado la campaña. A fines de setiembre de 1967 Guevara expresaba su preocupación por la dura situación que enfrentaba el grupo. En agosto y junio El Diario también expresaba preocupación. El avance del ejército sobre la zona los llevó a aislar los contactos con la ciudad, así como la posibilidad de desarrollar trabajo político con los campesinos de la zona. A fines de setiembre se agregaba otro factor. “El ejército está mostrando más efectividad en su acción y la masa campesina no nos ayuda en nada y se convierten en delatores”.[4] Aunque el texto podía ser leído como la constatación de la derrota, fue resignificado en clave épica. Como el mismo Guevara había expresado en su “Mensaje a la Tricontinental” su muerte era sólo un evento en una trayectoria más larga compartida por el conjunto de los revolucionarios que deberían continuar su lucha. Un libro que evidenciaba un gran fracaso político paradójicamente se transformó en un emblema para futuras luchas. Algo similar se puede decir de la muerte del Che.

En el Cono Sur su muerte coincidió con la expansión de una serie de nuevos grupos de izquierda armada como los Tupamaros, el MIR chileno y el ERP argentino que, aunque surgieron a partir de 1968, tuvieron un desarrollo importante. Estos grupos estaban vinculados a una generación política que surgió en un contexto marcado por una creciente movilización social, la emergencia de regímenes autoritarios (Brasil, 1964; Bolivia, 1966; Argentina, 1966; Bolivia, 1971; Uruguay, 1972-1973; Chile, 1973; Argentina, 1976) y el desarrollo de expectativas generadas por las alternativas sociales prometidas por la Revolución Cubana. Esta nueva generación política, constituida principalmente por jóvenes con menos de 30 años a fines de los sesenta, desafió las maneras tradicionales de hacer política y promovió nuevas formas de movilización social, política y cultural. Los militantes de esta “nueva izquierda” criticaron el legalismo y el reformismo de los partidos de la izquierda tradicional. Asimismo, propusieron nuevos métodos más radicales y, desde su punto de vista, más eficientes para asegurar los cambios sociales que los sectores populares demandaban. La coyuntura alrededor de la llegada del Che a Bolivia y su posterior muerte tuvo una influencia importante en la conformación de grupos armados en la región.

En este trabajo me propongo repasar tres aspectos vinculados a la manera que la llegada del Che en Bolivia ayudó a conformar una identidad común en estos grupos que estaban emergiendo en la región. Estos tres aspectos son: la idea de continentalidad de la revolución que se afirma en 1967 y está muy cercana al liderazgo de Guevara; las redes regionales vinculadas a la llegada de Guevara a Bolivia; y, por último, las lecturas políticas y emocionales acerca de su muerte.

La estrategia continental dentro de una guerra global al imperialismo

La idea de la estrategia continental fue propuesta desde los primeros años de la Revolución Cubana, pero adquirió otra dimensión a finales de la década, en el marco de un mayor aislamiento de Cuba del sistema interamericano que llevó a una mayor radicalización de su política exterior. A partir de allí, la idea de exportar la revolución se expresó en diferentes propuestas concretas que impactaron en América del Sur.

En abril de 1967 Guevara, de quien no se conocía su paradero desde 1965, publicaba en el primer número de la revista Tricontinental un potente manifiesto en el que se defendía la idea de una estrategia de “guerra global contra el imperialismo” desarrollada por los “pueblos explotados y atrasados del mundo” cuya: “finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá; a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una Revolución Socialista”. El texto confirmaba dos asuntos que resultaban importantes para los sectores de la nueva izquierda en el Cono Sur. Por un lado, cancelaba los rumores acerca de posibles discrepancias entre Castro y Guevara: Guevara volvía a aparecer en una publicación de la revolución con un mensaje que iba en la dirección contraria de los planteos soviéticos acerca de la Coexistencia Pacífica. Por otro lado, el texto trascendía la mera declaración de la continentalidad para proponer ciertas nociones acerca de cómo sería una estrategia de lucha global contra el imperialismo. La estrategia militar consistía en: sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida “choquen con la realidad imperante” llevando a desarrollar que “dos, tres, muchos Viet-Nam florecieran en la superficie del globo”.[5] Los militantes estarían inspirados en el internacionalismo proletario ya que:

cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado.[6]

En junio de 1967 dicha declaración ya estaba circulando en el cono sur.[7] Entre otras cosas el artículo del Che posibilitaba una lectura del continente que cancelaba la idea de excepcionalismo que algunas elites cono sureñas habían reclamado para sus países. Imágenes de excepcionalidad como describir a los chilenos como los “ingleses” o a Uruguay como la “Suiza de América” o a Argentina como los “europeos” del continente habían sido recurrentes para enfatizar las diferencias de estos países en relación al contexto latinoamericano. Sin embargo “la guerra global contra el imperialismo”, propuesta por Guevara, las diferencias nacionales perdían importancia y quedaban subsumidas en una conflagración que sería mundial y que afectaría al conjunto del continente. El MIR lo explicaba claramente:

Chile no será una excepción: Frente a los argumentos de los oportunistas tendientes a demostrar que la “tradición democrática de Chile” convierte al país en una excepción dentro de las luchas liberadoras del hemisferio y lo hace apto para caricaturizarlas con la “guerrilla electoral” donde pueden nadar hasta los tiburones de la burguesía radical, el CHE GUEVARA insinúa que: “Claro que el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrarán a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún”.[8]

Un texto del PRT argentino de comienzos de 1968 interpretaba el texto de Guevara en una dirección similar. El documento se pregunta:

¿Por qué el Che dice dos, tres, muchos Vietnam, y no dos tres muchas Cubas? Porque reconoce la excepcionalidad de la revolución cubana que no volverá a repetirse. Porqué del análisis estratégico, de conjunto de la revolución mundial prevé la inevitable intervención del imperialismo antes de la toma del poder por la revolución.[9]

En esta interpretación el conflicto global borraba las particularidades nacionales, ya que tarde o temprano, el conflicto se reduciría a un conflicto entre las fuerzas “populares” y el imperio que intervendría en los diferentes territorios nacionales.

El “Documento n° 1” del MLNT uruguayo, publicado en julio de 1967, también tenía un capítulo dedicado a la continentalidad de la revolución donde decía que “suscribía en todos sus términos el último documento de Guevara”. Fundamentaba que si “la represión y la contrarrevolución se continentalizan, la revolución no debe detenerse en las fronteras nacionales”. Defendía “una estrategia continental que racionalice la aplicación de fuerzas y recursos en donde mejores rendimientos puedan proporcionar” pero advertía que dicha estrategia no debía “ir en desmedro, dentro de lo posible, de las luchas y el trabajo, que hay que realizar en cada país”. Además, proponía una estrategia de desgaste que implicaba atacar en diferentes frentes a las fuerzas imperialistas en diferentes lugares de América latina.[10]

Unos meses después se concretaba la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad. Por primera vez, miembros de diferentes organizaciones de la izquierda latinoamericana se reunían para discutir colectivamente estrategias políticas en La Habana, en julio de 1967. La conferencia incluía la participación de 164 líderes de 27 países latinoamericanos y uno de los líderes del Black Power Movemenent Stokeley Carmichael como invitado por los Estados Unidos. El trabajo de la conferencia se dividió en cuatro comisiones: a) la lucha revolucionaria antimperialista en América Latina, b) posición y acción común frente a la intervención político-militar y la penetración económica e ideológica del imperialismo en América Latina, c) la solidaridad de los pueblos latinoamericanos con las luchas de liberación nacional, d) estatuto de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).

La pregunta central del debate en Olas fue: ¿cómo desarrollar una real solidaridad con los países que han derrotado al imperialismo como Cuba o aquellos que han iniciado “un combate definitivo” como Venezuela, Colombia, Brasil, Bolivia, Guatemala y Perú? Existieron dos posiciones. Por un lado, la posición cubana que decía que el único camino real para promover solidaridad era el desarrollo de una estrategia continental de lucha armada. Por otro, los partidos comunistas pro soviéticos defendían una visión más moderada que incluía la lucha armada como un posible camino entre otros medios de activismo político tales como la lucha electoral o el sindicalismo. La posición cubana fue la preponderante al final de la conferencia. La serie de intervenciones norteamericanas desde la caída de Arbenz en Guatemala en 1954, pasando por la intervención en Bahía de Cochinos en Cuba, hasta la intervención militar en la República Dominicana, y luego una sucesión de diez golpes de estado en el continente, entre 1961 y 1966, todos apoyados entusiastamente por los Estados Unidos, formaban la mayor evidencia, desde el punto de vista de los cubanos, de que EEUU contendría cualquier posibilidad de cambios sociales por medios legales y pacíficos.[11] En la visión de Olas la respuesta a este proceso de “continentalización” desde arriba por medios imperialistas sería la “continentalización” desde abajo por medios revolucionarios. Como las conclusiones de la conferencia expresaban:

1. Que constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la revolución; […] 5. Que todas las demás formas de lucha deben servir y no retrasar el desarrollo de la línea fundamental que es la lucha armada; 6. Que para la mayoría de los países del continente el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario; 7. Que aquellos países en que esta tarea no está planteada de modo inmediato de todas formas han de considerarla como una perspectiva inevitable en el desarrollo de la lucha revolucionaria en su país.[12]

Dicha continentalización desde abajo estuvo basada no solamente en razones políticas del presente sino en fundamentos históricos vinculados a la tradición política del continente. Múltiples discursos establecían una analogía entre las luchas políticas independentistas de comienzos del siglo XIX contra el imperio español y las luchas políticas actuales. Aquellas luchas independentistas eran conceptualizadas como lucha armada a la cual habían adherido los pueblos y habían traicionado algunas elites. Asimismo, aquellas luchas como las actuales eran continentales.[13]

Paradójicamente, aquellos grupos que en el Cono Sur estaban más cercanos a la posición cubana no participaron oficialmente en la OLAS. Las organizaciones armadas que en los próximos años se transformarían en los principales representantes de la estrategia de lucha armada no fueron parte de los comités locales en Chile y Uruguay. La delegación chilena fue monopolizada por socialistas y comunistas, y el comité uruguayo fue también integrado mayoritariamente por ambas fuerzas. En ambos casos los socialistas intentaron proponer una composición más plural de los comités nacionales de la OLAS y los comunistas se opusieron a la integración de una diversidad de nuevos grupos que estaban emergiendo a mediados de los 60 con perfiles más radicales.

La discusión sobre la integración de los comités nacionales no sólo tenía que ver con su integración sino también con el sentido de los mismos. Mientras que los socialistas y otros grupos proponían que, sin renegar de su independencia política, los comités nacionales de la OLAS debían transformarse en comandos de una lucha unificada contra del imperialismo, lucha que, se reconocía, debía ser vanguardizada por Cuba, los comunistas tendían a defender una versión más cercana a las tareas de solidaridad clásicas con Cuba o grupos revolucionarios que estuvieran luchando en la región.[14]

La delegación argentina fue fundamentalmente compuesta por miembros de la izquierda peronista y un sector del socialismo. Los comunistas argentinos, que habían sido los que más firme oposición habían planteado a la creación de la Olas en la Tricontinental decidieron no participar de la misma. El Movimiento Revolucionario Peronista (MRP) liderado por John William Cooke, quien habló en representación de la delegación argentina, fue quien al retorno de la OLAS avanzó en la preparación del primer grupo de la segunda oleada de guerrillas argentinas que surgieron en los tardíos sesentas, las Fuerzas Armadas Peronistas que surgirán en 1968. Dicha decisión parecía legitimada por el líder del movimiento peronista, Juan Domingo Perón, quien, a tono con el clima de la OLAS, decía en Marcha en setiembre de 1967: “un revolucionario pacifista resulta, en estos momentos, algo así como un león vegetariano”.[15] Con la excepción del peronismo, aquellos grupos que en los próximos años adquirirían un protagonismo importante en ese desarrollo de la lucha armada en el Cono Sur no tuvieron posibilidad de integrar los comités OLAS aunque se sintieran consustanciadas con la causa de la conferencia. El PRT argentino, organización a partir de la que luego se creó el ERP, solicitó integrarse al comité de OLAS y nunca recibió respuesta.[16] El MIR chileno, así como los Tupamaros uruguayos, aun una incipiente organización, no fueron invitados a los comités nacionales.

De todos modos, aquellos que no pudieron asistir a la conferencia buscaron la forma de participar. El militante del MIR Miguel Enríquez estuvo en La Habana durante el período de la conferencia.[17] En Uruguay, un grupo de nuevas organizaciones entre ellos el MLN Tupamaros enviaron una declaración especial a través del periodista Carlos María Gutiérrez para ser leída en la conferencia.[18]

Declarativamente todos los partidos cono sureños que participaron en la conferencia OLAS dijeron apoyar sus resoluciones, pero paradójicamente los que capitalizaron los resultados de la misma en los próximos meses fueron estos grupos que no habían participado oficialmente. Aunque los comunistas intentaron minimizar las diferencias con Cuba y enfatizaron su activa solidaridad con la revolución, las divergencias suscitadas en la conferencia y amplificadas por la prensa de la nueva izquierda cono sureña resultaron difíciles de ocultar.[19] Estas divergencias tuvieron un fuerte impacto en aquellos sectores que se sentían atraídos por la propuesta de la Revolución Cubana e intensificaron las escisiones que se venían dando fundamentalmente dentro de las juventudes comunistas.

Los socialistas de la región apoyaron fervorosamente las resoluciones de la OLAS. Sin embargo, su práctica política interpelaba las definiciones de la conferencia ya que no pensaban en transformarse en organizaciones clandestinas, y seguían apostando a tener posiciones en el parlamento. Aunque apoyaron las resoluciones de la OLAS y sufrieron la persecución en Argentina, Chile y Uruguay como consecuencia de dicho apoyo, su modelo organizacional relacionado con la práctica electoral tradicional no parecía la mejor herramienta para los tiempos de “lucha armada” que la OLAS anunciaba.

Los que mejor supieron capitalizar las definiciones de la OLAS fueron estos grupos que aun en 1967 estaban en un incipiente desarrollo y que proponían e incitaban a formas concretas de lucha armada en cada uno de los países ya que parecían los que mejor se podían adecuar al nuevo escenario planteado por la conferencia. Estos grupos, que como vimos estaban intentando construir una estrategia que adecuara los planteos de la lucha armada a las condiciones cono sureñas, también tenían serias dudas acerca de la oportunidad de iniciar dichas acciones. Las definiciones de la OLAS, así como las reacciones generadas en los escenarios nacionales, funcionaron como incentivos para que estos grupos avanzaran en una serie de ideas que venían planteando.

En Argentina y Chile dos grupos que gradualmente se estaban apartando del trotskismo terminaron de definir su opción por la lucha armada luego de la OLAS. El PRT argentino y el MIR chileno, expresaron una transformación de ciertos sectores trotskistas hacia alternativas más latinoamericanistas que admitían la creación de nuevas organizaciones donde se fusionaran con miembros de otras organizaciones políticas de izquierda. En el caso del MIR chileno, aunque la gran mayoría de sus primeros dirigentes venían del trotskismo, el movimiento no tenía una definición explícita y tampoco adhería a la IV Internacional. En el caso del PRT, formado como resultado de una alianza entre el grupo trotskista Palabra Obrera (PO) de Nahuel Moreno y un pequeño grupo del norte argentino llamado Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) con un perfil inicialmente nacionalista indoamericanista liderado por los hermanos Santucho, se mantuvo la adhesión a la IV Internacional. El cambio que había posibilitado este nuevo marco de alianzas y esta reconceptualización de la política internacional dentro del trotskismo había sido la Revolución Cubana. Todos estos grupos se habían declarado firmes adherentes de la revolución. Pero la relación con la misma fue problemática fundamentalmente por dos aspectos: las constantes sospechas de burocratización y sovietización de la revolución que la prensa trotskista levantó en diferentes momentos del proceso político cubano, y una visión crítica por parte de los cubanos a ciertas tradiciones insurreccionalistas que descartaban el papel del foco rural. Las discrepancias en torno a las estrategias impulsadas por el MIR de Hugo Blanco en Perú y el MR 13 de Yon Sosa en Guatemala evidenciaron esas diferencias. Es en el marco de esa tensión que dentro del PRT y el MIR surgieron sectores que se inclinaron más decididamente hacia una posición procubana chocando con la vieja dirigencia de ambas organizaciones.

En el caso argentino, el nuevo golpe de Estado en junio de 1966 alteró radicalmente las condiciones políticas previas. Esta vez los militares proponían un nuevo tipo de dictadura: la “Revolución Argentina”, que en consonancia con el golpe de Brasil de 1964, proponía una revolución transformadora de la economía, la sociedad y la política. La apuesta central se basó en una modernización de tipo conservador que asegurara el crecimiento a costas del abandono de ciertas políticas proteccionistas, la proscripción de los partidos políticos y un control a nivel cultural que implicó la intervención de las universidades para “erradicar el marxismo”. En un contexto de prohibición de los partidos políticos de izquierda, desarrollo de leyes anticomunistas y quema de libros en la Universidad, la reacción hacia la OLAS por parte de la dictadura resultó bastante previsible. Luego de la conferencia el gobierno lanzó una requisitoria policial solicitando la captura de los participantes argentinos en la conferencia.

Es en ese contexto que en enero de 1968 el PRT votó en su IV Congreso el documento El único camino hacia la toma del poder y el socialismo escrito mayoritariamente por R. Santucho, con la participación de Helios Prieto, y Sergio Prada a partir del cual inició el camino para conformar una organización armada. El documento repasaba las diferentes tradiciones del marxismo y proponía una curiosa síntesis entre maoísmo y trotskismo ya que el primero había provisto los mejores aportes para entender el mundo contemporáneo pero había sido incapaz de proveer estrategias adecuadas para la revolución, mientras que la reflexión político militar del maoísmo había provisto las claves para impulsar procesos revolucionarios. El documento planteaba que esa síntesis se había logrado en la Revolución Cubana a través de una nueva corriente: el castrismo. El documento exigía abandonar la actitud ambigua que el partido había tenido hacia dicha corriente, y proponer un compromiso explícito por parte del PRT hacia la estrategia continental e internacional propuesta por el castrismo. Lo que había que hacer era renunciar a los debates propuestos por Nahuel Moreno (tradicional líder trotskista de dicha organización) y expresar una voluntad de comenzar la lucha armada integrada a la estrategia continental propuesta por el castrismo inmediatamente. El documento planteaba que el debate acerca del foco rural ya no era tan importante y que los cubanos se estaban mostrando más abiertos hacia otras estrategias que plantearan la necesidad de crear un ejército revolucionario, y no dejaran dicha tarea al espontaneísmo de las masas.[20]

En Chile, una nueva generación dentro del MIR también surgió en oposición a la vieja camada de militantes trotskistas que respondía con métodos insurreccionales a los planteos guevaristas. El viraje de dicha organización también se dio luego de la OLAS, a finales de 1967. El III congreso del MIR en 1967 votó las tesis políticas militares que marcaron el inicio de un nuevo ciclo dentro de la organización y el pasaje hacia la clandestinidad. Este viraje dentro del MIR se dio en un particular momento de la “revolución en libertad” del gobierno del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva. En 1967 el renacimiento de la inflación con sus efectos sobre los salarios y el gasto estatal, el enlentecimiento de la reforma agraria y de la política de nacionalizaciones generó reacciones de disconformidad. La izquierda de la democracia cristiana y el FRAP exigieron una radicalización del programa de reformas. Organizaciones sociales creadas en el campo y en las periferias urbanas cercanas a la DC también fueron radicalizándose en sus demandas.[21] El gobierno respondió a esa conflictividad social con un discurso confrontacional con la izquierda y con el aumento de la represión estatal a través del desarrollo de grupos especiales de choque dentro del cuerpo policial. El incremento de la actividad represiva contra la movilización social generó una cantidad inédita de asesinatos en enfrentamientos callejeros.[22]

La figura central del congreso de diciembre de 1967 fue Miguel Enríquez, un joven estudiante de la Universidad de Concepción de 23 años, hijo de un senador del Partido Radical, quien fue recibido con aplausos al llegar directamente de Cuba, un día después de iniciado el congreso, con una reformulación de las tesis políticos militares redactadas en 1965.[23] Las nuevas definiciones reflejaban al ala izquierda del movimiento representada por un grupo de jóvenes vinculados a la Universidad de Concepción y la de Santiago que había tenido un crecimiento muy importante dentro de la organización, a partir del trabajo en sectores estudiantiles y poblacionales.[24] A partir de este cambio el MIR adquirió una nueva orientación que proponía acelerar el trabajo de masas y adecuar al partido para generar las condiciones para la lucha armada. Las definiciones que el MIR tomo en su tercer congreso realizado cinco meses después de la OLAS también lo orientaban en la estrategia de lucha armada planteada por la conferencia.

El uruguayo MLN Tupamaros había sido creado en enero de 1966. Sin embargo, el año 1967 estuvo marcado por una fuerte incertidumbre acerca del destino del movimiento como consecuencia de la persecución policial y el pasaje a la clandestinidad de sus casi 30 miembros. Recién a fines de 1967 el MLNT reapareció públicamente en un contexto particular de polarización política marcado por el desarrollo de medidas autoritarias a cargo del presidente Oscar Gestido, que se vieron intensificadas luego de su muerte en diciembre de 1967 por el vicepresidente Jorge Pacheco Areco quien asumirá el Poder Ejecutivo. El 9 de octubre, un día después de la muerte de Guevara, el gobierno decretó medidas prontas de seguridad. Hubieron más de 400 detenidos, mayoritariamente vinculados al movimiento sindical y también existió clausuras a periódicos de izquierda. El objetivo de dichas medidas fue marcar una clara señal hacia el movimiento sindical, así como a la oposición interna dentro del partido gobernante hacia aquellos que se oponían a los intentos de reanudar negociaciones con los organismos internacionales de crédito (FMI, BM, BID). Las medidas autoritarias se continuarán en los próximos meses. El 12 de diciembre, a una semana después de la muerte de Gestido, Pacheco buscando marcar claramente el rumbo que tomaría su gobierno y a tono con las discusiones regionales sobre la OLAS decidió proscribir a una serie de grupos políticos de izquierda que habían adherido a las definiciones de OLAS, y a los órganos de prensa Época y El Sol que representaban a dichos grupos.[25] Para algunos miembros, ese nuevo contexto fue el que ayudó a definir un rumbo en la organización y a crecer en una manera explosiva durante el año 68.[26]

“La guerra revolucionaria ha dejado de ser un asunto lejano”

Simultáneamente a estos debates otro aspecto imprimió nuevos elementos a la dinámica regional. Previo a su llegada a Bolivia, una ola de rumores circuló acerca de la presencia del Che o delegados que en su nombre recorrían Sudamérica en busca de apoyo para su proyecto. Los Tupamaros, aún una pequeña organización, discutieron la posibilidad de abandonar la lucha armada en Uruguay e irse a Bolivia. Otro grupo de militantes uruguayos del Movimiento Revolucionario Oriental, un pequeño grupo aliado del Partido Comunista, también se entrenaron militarmente en Cuba para ir a pelear a Bolivia.[27] Al mismo momento que Guevara comienza su guerrilla, en Chile, un sector del Partido Socialista crea un grupo llamado Ejército de Liberación Nacional, y en Argentina también se creó un grupo, mayoritariamente integrado por ex comunistas que, en 1967, viajaron a Cuba para entrenarse y respaldar a la guerrilla del Che.[28] El objetivo de ambos grupos fue preparar la retaguardia para el ELN Boliviano. En conjunto con la red de apoyo desarrollada por gente de confianza del Che en Chile y Argentina, también funcionaron otras relaciones políticas de la Revolución Cubana vinculadas a la izquierda tradicional.

En el caso de Uruguay los encargados de hacer los contactos fueron miembros o aliados del Partido Comunista Uruguayo, en el caso de Chile la mayoría de los contactos se desarrollaron a través del Partido Socialista. Si bien los Tupamaros fueron invitados a participar en esta campaña, los miembros del MIR y del PRT no fueron invitados debido, seguramente, a las ya mencionadas reticencias planteadas por el gobierno cubano hacía el trotskismo. Además, simultáneamente con la incursión de Guevara en Bolivia se preparó un foco militar en Brasil.

En mayo de 1967, unos meses antes de la OLAS, la guerrilla boliviana concitaba la atención de los medios cercanos a la nueva izquierda cono sureña. Uno de los motivos que concitaban el interés en dicha guerrilla era que Regis Debray había sido capturado el 20 de abril junto a otros tres miembros del ELN en Bolivia. A partir de dicho acontecimiento un artículo de Marcha escrito por Carlos María Gutiérrez establecía una clara conexión entre ¿Revolución en la revolución? y el desarrollo de la guerrilla en Bolivia. El periodista, que expresaba un profundo respeto intelectual por Debray, presentaba a la guerrilla como la aplicación práctica de su planteo teórico. En su visión, esta guerrilla implicaba un salto cualitativo en relación a las experiencias que los revolucionarios latinoamericanos habían ensayado desde enero de 1959. Dicho salto cualitativo era el resultado de un trabajo de reflexión y sistematización realizado por Debray y los cubanos que tendría consecuencias positivas. Esta guerrilla prometía tener larga vida debido a que:

por sus características de organización, por su alienación de los partidos políticos existentes, por la solidez de su mantenimiento y su efectividad en los encuentros librados hasta ahora, ha sido evidentemente estructurado dentro de la nueva teoría insurreccional.[29]

Por último, el periodista expresaba que la “elección del país y luego de la zona, es la que corresponde al esquema general de la tesis insurreccional latinoamericana” por lo que era bastante plausible que los rumores que circulaban acerca de la presencia de Guevara se confirmaran.

En Chile, dado su condición fronteriza, la cercanía de la guerrilla boliviana impactó aún más. Con motivo de su presencia, la revista Punto Final decía que:

La guerra revolucionaria ha dejado de ser un asunto lejano para los chilenos. Está en nuestras propias fronteras, en Bolivia. Las guerrillas bolivianas comprometen en su acción a países vecinos como Argentina, Brasil, Paraguay y Perú. Así lo han comprendido los “gorilas” de esas naciones que están no sólo fortaleciendo sus efectivos militares en la zona, sino que, además, en el caso brasileño y argentino, proporcionando armas y pertrechos al régimen militar de La Paz.[30]

Las adhesiones que generó el emprendimiento en la región eran un elemento importante, ya que como lo expresaba Gutiérrez dicha campaña militar tenía una pretensión regional cuyos antecedentes se remontaban a proyectos anteriores de Guevara. El foco guerrillero pretendía expandirse desde Bolivia hacia otros países. Como claramente lo expresó Manuel “Barbirroja” Piñeiro en los años noventa:

El Che quería iniciar personalmente la lucha armada revolucionaria en el Cono Sur latinoamericano. Sobre todo, porque estaba muy afectado psicológica y afectivamente por el fracaso de la guerrilla de Jorge Ricardo Maseta en Salta, Argentina. Entonces el Che quería en esta ocasión, iniciarlo todo personalmente y desde el primer momento.[31]

Sin embargo, la situación de la guerrilla boliviana era mucho más incierta de lo que la prensa cercana a la nueva izquierda describía. Guevara había llegado en noviembre de 1967. A fines de diciembre el grupo guerrillero de Guevara estaba compuesto por 24 personas, de los cuales sólo nueve eran bolivianos. En ese contexto, es que Guevara se enfrentó al Secretario General del Partido Comunista Boliviano por el liderazgo del grupo. Guevara exigió mantener el liderazgo militar del grupo, y frente a esa postura el Partido decidió retirar su apoyo a la guerrilla. En los próximos meses la guerrilla comenzó a recibir algunos apoyos locales. Pero en marzo ya comenzaron a caer algunos de los guerrilleros que confesaron la participación de cubanos en la guerrilla. También fue detectada la granja que funcionaba como centro de los guerrilleros.

Dichas noticias concitaron la atención del ejército boliviano, de los norteamericanos y de las dictaduras brasilera y argentina que ofrecieron su apoyo en la búsqueda de los guerrilleros. Ciro Bustos y Debray, los principales contactos de la guerrilla cayeron en abril. Debray confesó que Guevara se encontraba en Bolivia.[32] A partir de ese momento la búsqueda se intensificó y los miembros del ELN fueron perdiendo la iniciativa conformándose con escapar a ser detectados por el ejército.

El resultado final de la campaña del Che fue un completo fracaso marcado por la imposibilidad de establecer contactos con los sectores populares en el área y por los conflictos con el Partido Comunista boliviano. Después de casi un año la guerrilla fue derrotada. La mayoría de los 47 miembros que participaron a lo largo del período fueron asesinados. Cinco sobrevivientes lograron escapar a través de la frontera chilena donde fueron capturados. Gracias a una campaña de respaldo organizada por militantes chilenos el gobierno terminó entregándolos a Cuba.

“El Che no quiere lágrimas, urge balas concretas”

Entre el 10 y el 11 de octubre circuló la noticia en la prensa mundial de que Guevara había sido encontrado y asesinado por los Rangers bolivianos. Las fotos del cadáver de Guevara recorrieron los diarios del mundo. Las fotos habían sido realizadas por Freddy Alborta un reconocido fotógrafo boliviano a quien se le había solicitado acudiera a Vallegrande para testimoniar visualmente su muerte. Alborta le dio una intención clara a las imágenes:

Le dejaron los ojos abiertos con la intención de identificarlo, pero a mí me ha servido para fotografiar no a un cadáver corriente sino a una persona que parecía viva y creo que no es la impresión mía sino la de mucha gente que lo ha comparado con el cadáver de un Cristo.[33]

Las fotografías con el cuerpo desnudo, tendido, con una herida en el pecho que era señalada por uno de los militares y con los ojos abiertos que lo hacían parecer vivo, habilitaban lecturas simbólicas de su muerte que fueron rápidamente interpretadas por aquellos que tenía alguna simpatía con Guevara a lo largo del mundo.[34] Por un lado, los ojos abiertos desafiaban a la intención principal de las fotos que eran demostrar su muerte. Por otro, las comparaciones entre la muerte de Guevara y Jesús fueron constantes. La herida en el pecho señalada por el militar recordaba al episodio evangélico donde un apóstol ponía sus dedos sobre el pecho de Jesús. La disposición del cuerpo de Guevara y el aspecto de su rostro guardaba coincidencias con pinturas clásicas de la muerte de Jesús como el cuadro de Andrea Mantegna, Lamentación sobre Cristo muerto.

La interpretación alrededor de las fotos anticipó la lectura fuertemente emocional que la muerte de Guevara generó entre los grupos cono sureños. La muerte no fue leída como un fracaso de su estrategia continental sino como una posibilidad en las opciones que Guevara había asumido. Como el mismo había anticipado en su mensaje a la Tricontinental, que ahora se transformaba en una suerte de testamento político:

En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.[35]

Vencer la muerte de Guevara requería continuar su lucha. Guevara no estaba muerto si otros continuaban. De todos modos, la muerte de Guevara no pasaba inadvertida para sus seguidores. El final era plausible dado los riesgos que él había optado asumir pero su muerte enfrentaba a sus seguidores con la realidad de los riesgos que implicaba el compromiso revolucionario. Aunque en otras regiones de América Latina esto resultaba evidente para los militantes cono sureños esto no era una obviedad. Hasta el momento en ningún país del Cono Sur la represión política contra estos incipientes grupos había sido tan salvaje.

La lectura política desarrollada por estos grupos acerca de la muerte se concentró en el aislamiento político en que lo habían dejado los comunistas. Aunque dentro de los grupos cono sureños se podían admitir errores llevados a cabo por la estrategia guevarista y su muerte reforzaba la necesidad de buscar caminos diferentes al foco rural, en el debate público la muerte del Che se explicaba por el aislamiento que otros partidos bolivianos de izquierda —particularmente el Partido Comunista Boliviano— habían sometido a la guerrilla del ELN y por la participación de la CIA y los Rangers en las actividades del ejército boliviano.

Conjuntamente con la lectura política de la muerte de Guevara también existió lo que llamaremos una lectura sentimental de su muerte. Múltiples testimonios dan cuenta del impacto emocional que su muerte tuvo en las trayectorias políticas de militantes de los sesentas.[36] Esta lectura sentimental no estaba despegada y tampoco implicó una contradicción con lo político. Una serie de revistas vinculadas al pensamiento de estos nuevos grupos integraron poemas sobre la muerte del Che en los números de octubre y noviembre. Los mismos dan cuenta de una explosión de sentimiento que su muerte despertó. Mientras los debates sobre la estrategia política estuvieron marcados por un lenguaje neutro y en muchos casos “técnico” que defendía el recurso de la violencia como un problema racional, no relacionado a una sentimentalidad o subjetividad romántica sino a una realidad objetiva que sólo podría ser transformada a través de prácticas ilegales que implicaban poner en riesgo la vida, la poesía habilitó expresar otro tipo de acercamientos al problema de la revolución, el sacrificio, la muerte y la violencia. Potenció una subjetividad que enfatizaba el valor ético del sacrificio en oposición al confort ofrecido por la sociedad de consumo y ponía a la violencia en un lugar emancipador.[37]

Los historiadores no estamos muy acostumbrados a trabajar con poesía como fuente histórica. La literalidad con la que tendemos a usar las fuentes va en la dirección contraria a la polisemia del lenguaje poético. En este sentido, lo que haré a continuación será simplemente trascribir dos poemas y considerar ciertas ideas que emergen de los mismos, pero partiendo de la idea que dichos poemas admiten otras posibles lecturas. He seleccionado dos poemas publicados en diferentes revistas que dan cuenta de algunas de las emociones y percepciones que rodearon a aquellos que se sintieron afectados por la muerte del Che en los primeros momentos.

En “Che” del argentino Julio Huasi, publicado primeramente en Punto Final y luego en Cristianismo y Revolución, emerge una impresionante variedad de imágenes que expresan la vitalidad de una figura que no parece haberse perturbado por su destino trágico.[38] Un universo de imágenes que van desde lo cósmico, pasando por lo biológico hasta lo más cotidiano, se intercalan en un lenguaje tensionado que intenta atribuir un tipo de religiosidad cercana al catolicismo, con alusiones constantes a Jesús y a la oración del padre nuestro, a un personaje iconoclasta como lo fue el Che. “No la paz sino la dulce guerra popular sea contigo”. Los ojos del Che como “lámparas en cada choza hambrienta”, su corazón que latirá en cada niño que nazca y en cada parturienta. En los últimos versos resulta notoria esta tensión entre la ruptura que expresa la figura del Che y la búsqueda por establecer un lenguaje sagrado de nuevo tipo.

Padre nuestro que estás en la guerra,

Gloria a América por haberte parido.

Desde la materia seguirás disparando,

amor o muerte, Ernesto, vela por nosotros,

amor o muerte, che, vengaremos tu amor,

amor o muerte, enamorado perpetuo,

no has caído, sólo apareciste para siempre

para comandarnos desde siempre a la victoria

por los siglos y los siglos de nuestra América, así sea

contigo venceremos.

A lo largo del poema varias imágenes que remiten a la materialidad de la violencia: huesos, sangre, “Cuervos y palomas ya disputan tu carne”, las balas. Pero a la vez, esa crudeza con la que se describe la violencia está siempre asociada con figuras oximorónicas tales como “la dulce guerra popular” o “caricias de pólvora”. Este dispositivo responde a una intersección muy notoria entre dos lenguajes juveniles que estaban circulando en el período en el Cono Sur. El lenguaje del amor, asociado a sectores de la contracultura norteamericana y el lenguaje de la violencia revolucionaria latinoamericana. En Huasi, el Che condensa ambos:

Ya no dabas más de amor, tu amor quemó la historia,

con testículos de oro amaste furiosamente la liberación,

le diste a América tu amor de fuego, caricias de pólvora,

tu ardiente beso armado la despertó en la noche.

Sin embargo, el amor del Che también tenía sus limitaciones que estaban pautadas por las demandas de la lucha revolucionaria.

Lloré con mis huesos hundidos en América

no quise que me vieras porque me fusilarías,

el Che no quiere lágrimas, urge balas concretas,

el llanto en tu nombre es una gran traición.

Por último, la muerte del Che implicaba no una derrota sino el inicio del triunfo.

Nadie llore ni rece, tu testamento esmeralda

deja tu gran fusil para que luchen con él,

no inclinen las banderas, álcenlas más que nunca,

que nadie pronuncie tu nombre en vano

sólo los asesinos que se pongan de luto,

por su propia muerte indudable y bien muerta,

Ernesto, irás con nosotros a sus funerales,

Iremos con radiantes cirios con gatillos absolutos.

Jesús baja de la cruz, se terminó el calvario,

Toma el fusil Camilo, deja los clavos y dispara,

Se acabo la era de la segunda mejilla.

El uruguayo Mario Benedetti en su poema “Consternados, Rabiosos”, publicado primeramente en Punto Final y luego en Uruguay indaga en las sensaciones ante la muerte del Che, “aunque esta sea uno de los absurdos previsibles”[39]. Lo que rodea gran parte del poema es la sensación de vergüenza y culpabilidad.

vergüenza tener frío

y arrimarse a la estufa

como siempre tener hambre y comer

esa cosa tan simple

abrir el tocadiscos y escuchar en silencio

sobre todo si es un cuarteto de Mozart

da vergüenza el confort

y el asma da vergüenza

cuando tú comandante está cayendo

ametrallado

fabuloso

nítido

eres nuestra conciencia acribillada

Ambos sentimientos están asociados al confort que la sociedad de consumo ofrece a los sectores medios. La estufa, el tocadisco, un cuarteto de Mozart, representan los objetos que lo atan al confort en el mismo momento que Guevara estaba ofreciendo su vida. En los últimos versos nuevamente se plantea esa tensión entre lo religioso y la búsqueda de otros absolutos ante la muerte.

donde estés

si es que estás

si estás llegando

será una pena que no exista Dios

pero habrá otros

claro que habrá otros dignos de recibirte

comandante.

Ambos poemas condensan algunos de los principales sentimientos que circularon entre aquellos que habían estado atentos a la experiencia de Guevara en Bolivia. La culpa, la fascinación con la violencia como práctica emancipadora, la sensación de vivir una nueva época histórica, la lealtad al Che y la búsqueda de una subjetividad trascendental alternativa a la religiosa. En cierta medida la lectura de estos poemas guarda ciertas coincidencias con la noción planteada por Raymond Williams de estructura de sentimientos ya que refiere a una identidad generacional en la forma de expresar creencias, valores y emociones, que anteceden a la política a través del arte, y que aún no logra desarrollar una formalización en el campo de la política.[40] Estos sentimientos, asociados a los informes donde se explicaba la muerte del Che por la traición del Partido Comunista Boliviano y los sectores reformistas, llevaba a que los jóvenes que se sintieran convocados por el discurso de la izquierda se acercaran mayoritariamente a las propuestas de la nueva izquierda. Aunque ésta aún no podía construir una elaboración completamente articulada de su propuesta a través de la resignificación de la muerte de Guevara en clave de futuro, se establecía una alternativa a los métodos tradicionales de la izquierda.

 

  1. Mariano Grondona. “Los herederos de Marx.” Primera Plana, Año V, nº 252, 24 de octubre de 1967, p. 11.

  2. Punto Final y el Diario del Che”, Punto Final n° 648, Santiago de Chile, 28/09/2007.

  3. “El diario del Che en Bolivia”, Punto Final, n° 59, primera quincena julio de 1968.

  4. Ibídem, p. 91.

  5. Ernesto Guevara, “Crear dos, tres, muchos Vietnam. Mensaje a los Pueblos del Mundo a través de la Tricontinental”, publicado la primera vez el 16 abril de 1967, en forma de folleto como suplemento especial para la revista Tricontinental, órgano del Secretariado Ejecutivo de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL).

  6. Ídem.

  7. Ernesto Guevara, “A crear muchos Vietnam”, en Punto Final, n° 27, 2° quincena de abril de 1967, pp. 20-26.

  8. “Apoyo del MIR de Chile a la carta del Che Guevara”, Estrategia, n° 9, julio de 1967, pp. 1-7.

  9. Domecq, Sergio, Carlos Ramírez, Juan Candela (seudónimos), El único camino hacia el poder y el socialismo, s/l, Ediciones Combate, 1968, p. 22.

  10. “Documento 1” en Movimiento Liberación Nacional -Tupamaros, Montevideo, INDAL, 1973.

  11. Cfr. OLAS, Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de América Latina, Montevideo, Nativa libros, 1967.

  12. Ibíd., p. 103.

  13. Ibíd., p. 96.

  14. Ver: “Conversaciones entre PC y PS”, en Punto Final, n° 15, 1ra quincena noviembre, 1966, p. 25.

  15. Eduardo Galeano, “Con Perón en puerta de hierro. El caudillo, los gorriones y la providencia”, en Marcha, 8/09/1967, p. 21.

  16. Aunque el PRT estaba vinculado a ciertos sectores del trotskismo que hasta ese momento tenían una visión extremadamente positiva de la estrategia cubana, la revolución desconfiaba del trotskismo. Ver: Ernesto González (coord.), El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, Tomo 3, Vol. 2, Buenos Aires, Antídoto, 1999, cap. 21.

  17. Avendaño y Palma, El rebelde de la burguesía: la historia de Miguel Enríquez, Santiago de Chile, CESOC, 2001, p. 67.

  18. Juan Carlos Mechoso, Acción directa anarquista. Una historia de la FAU, Montevideo, Recortes, 2002, p. 61.

  19. Ver: Carlos María Gutiérrez, “El discurso de Fidel, Mensaje a los neo socialdemócratas”, Marcha, 26/08/1967, p. 19.

  20. El término espontaneísta estaba referido a la estrategia insurreccionalista defendida por Moreno. Para la variación del posicionamiento cubano ver: Torres, Simón, y Julio Aronde, “Debray and the Cuban experience”, en Monthly Review, Vol. 20, n° 3 , July-August 1968. En dicho artículo dos oficiales cubanos con supuestos seudónimos realizan una crítica al planteo de Debray.

  21. Faundez señala que los partidos de izquierda aprovecharon el período crítico de Frei para crecer entre sectores que estaban controlados por la DC: campesinos, entre ellos mapuches, mujeres trabajadoras y los recientemente organizados pobres de la ciudad. Julio Faúndez, Izquierdas y democracia en Chile, 1932-1973, Santiago, BAT, 1992, p. 159.

  22. Repasando las tres masacres (minas de El Salvador, 1966; huelgas en Santiago de Chile, 1967; Puerto Montt, 1969) y otros casos aislados Punto Final arribaba a la conclusión de que frente a ese panorama represivo, y desigual en relación a las fuerzas (ningún policía muerto) la legalidad ya no ofrecía ningún tipo de garantías a la movilización popular. Ver: “El costo de la vía pacífica”, Punto Final, n° 109, julio de 1970, p. 3.

  23. La mayoría de los miembros del Comité Central (10 en 15), la totalidad del secretariado nacional (5) y el secretariado general fueron asumidos por los sectores “no tradicionales” que hasta el momento habían sido minoría.

  24. Ver: Avendaño y Palma, op. cit.; y Francisco García Naranjo, Historias derrotadas: opción y obstinación de la guerrilla chilena (1965-1988), Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1996. [También disponible en www.archivochile.com].

  25. La proscripción de dichos partidos implicó un hecho insólito en la historia política del Uruguay de la segunda mitad del siglo XX. A diferencia de lo ocurrido en la mayoría de los países de América Latina, ningún partido marxista había sido proscripto. De hecho, en este caso el Partido Comunista uruguayo, no fue proscripto. La prohibición fue destinada únicamente a los que adhirieron el pronunciamiento mayoritario de la OLAS.

  26. Ver: Entrevista a Efraín Martínez Platero realizada por el autor y “La militancia tupamara” en Eduardo Rey Tristán, A la vuelta de la esquina, la izquierda revolucionaria uruguaya, 1955-1973, Montevideo, Fin de Siglo, 2006.

  27. Ver: Federico Leicht, Cero a la izquierda. Una biografía de Jorge Zabalza, Montevideo, Letraeñe, 2007, pp. 43-55.

  28. En Chile el ELN fue creado como organización secreta dentro del Partido Socialista, ver: Cristián Pérez, “El Ejército del Che y los chilenos que continuaron su lucha”, Estudios Públicos n° 89, Verano, 2003; Patricio Quiroga Zamora, Compañeros: el GAP: la escolta de Allende, Santiago de Chile, Aguilar, 2001. En Argentina se creó un efímero ELN que luego derivó en la creación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, ver: “Reportaje a la guerrilla argentina: FAR los de Garín,” en Cristianismo y Revolución, n° 28, 1971. Acerca de la trayectoria de ex comunistas que participan en estas actividades ver: Mora González C., “Modelo para armar: itinerarios y ámbitos disidentes del Partido Comunista Argentino en la gestación de uno de los grupos fundadores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (1960-1967)”, Izquierdas, n° 12, www.izquierdas.cl, 12, abril 2012, pp.111-142.

  29. Carlos María Gutiérrez, “Bolivia, otra forma de la guerrilla”, Marcha 12/05/1967.

  30. “Ayudemos a las guerrillas bolivianas”, Punto Final, n° 28, primera quincena de mayo de 1967, p. 1.

  31. Manuel “Barbarroja” Piñeiro, Che Guevara y la Revolución Latinoamericana, Colombia, Ocean Sur, 2006, p. 98.

  32. John Lee Anderson, Che Guevara: a revolutionary life, New York, Grove Press, 1997, p. 71.

  33. Transcripto del VHS de Leandro Katz, El día que me quieras, New York, First Run/Icarus Films, 1997.

  34. Para un repaso de las maneras en que fueron leídas las fotos de la muerte en las artes plásticas, ver: David Kunzle, Che Guevara. Icon, Myth, and Message, Hong Kong, Regents of the University of California, 1997; John Berger, “Che Guevara: The Moral Factor” en The Urban Review, Vol. 8, n° 3, September, 1975; pp. 202–208.

  35. Ernesto Guevara; “Mensaje a los pueblos…“, op. cit.

  36. A modo de ejemplo ver: Pablo Pozzi, “Por las sendas argentinas…” El PRT-ERP. La guerrilla marxista, Buenos Aires, Eudeba, 2001, pp. 167-183; Clara Aldrighi, Memorias de insurgencia. Historias de vida y militancia en el MLN Tupamaros. 1965-1975, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2009.

  37. La obra de teatro Marat-Sade, escrita por Peter Weiss en 1963 y que proponía un diálogo imaginario entre el jacobino Jean Paul Marat y el Marqués de Sade acerca de la violencia revolucionaria, expresa de una manera ilustrativa las tensiones entre un discurso que reclama la violencia desde una perspectiva racional como una herramienta necesaria para la emancipación de los sectores populares defendida por Marat, y otra perspectiva que indaga en las fuerzas instintivas, subjetivas que impulsan las prácticas violentas defendida por Sade. No por casualidad, la obra tuvo diversas versiones en Argentina, Chile y Uruguay durante el período. Ver también: Peter Weiss, “Testimonio: Che Guevara” en Punto Final n° 45, 2 de enero de 1968, pp. 22-23.

  38. Julio Huasi, “Che”, en Punto Final, n° 40, 24 de octubre de 1967; y en Cristianismo y Revolución n° 5, noviembre de 1967.

  39. Mario Benedetti, “Consternados, Rabiosos”, Punto Final, 21 de noviembre de 1967, n° 42, pp. 33.

  40. Ver: Raymond Williams, Marxism and Literature, Oxford, Oxford University Press, 1977, pp. 128-136.

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