Pasado y presente de la cultura marxista en el Brasil

Los marxistas brasileños:
oposición e interdependencia de un espacio (1958-2014)

Por Lidiane Soares Rodrigues
Universidad de San Pablo / Universidad Federal de San Carlos.

Se olvida que aquel que escribe dice alguna cosa acerca de aquel que lo leerá.
Pierre Bourdieu


Introducción

La historia del marxismo, sobre todo durante el siglo XX, puede ser reconstruida en torno a dos ejes. En primer lugar, se trata de observar que Karl Marx, y numerosos autores marxistas, corresponden a casos particulares de un fenómeno más amplio: la circulación internacional de ideas, agentes y bienes culturales. En segundo lugar, se constata el desarrollo del marxismo en torno a dos principales espacios de producción simbólica: la esfera política y la científica. El presente trabajo se refiere al marxismo brasileño, a la luz de esos dos ejes: por un lado, la oposición y la interdependencia entre el espacio político y el científico/cultural y, por otro, las asimetrías del espacio global de intercambios intelectuales. Para ello se apela a los recursos de la sociología de la cultura, principalmente —aunque no de modo exclusivo— de matriz bourdieuana, perspectiva poco frecuente entre los brasileños.[1]

El artículo se desarrolla en tres partes. En primer lugar, reconstruye la experiencia de dos círculos de lectura de Karl Marx, uno constituido por profesores y el otro por alumnos de la Universidad de San Pablo (USP), a finales de los años 1950. Con ello nos proponemos realizar la sociogénesis de la oposición entre eruditos (scholars) y comunistas. Luego, presenta los nexos de interdependencia entre el polo científico y el político, por medio del análisis de una encuesta que hemos realizado en 2014 a 988 marxistas brasileños.[2] Finalmente, el artículo procura comprender esa sociogénesis en función de la reconfiguración morfológica del espacio político y científico que se dio en Brasil durante los años setenta así como de la posición dominada del país en el espacio de los intercambios globales.

La forma social de la lectura universitaria: los seminarios

En 1958, el filósofo José Arthur Giannotti reunió amigos, profesores-asistentes como él de la USP, para leer O Capital de Karl Marx. Esta iniciativa resulta indisociable sea de su circulación internacional como de la historia de esa institución.

Idealizada como alternativa a las escuelas tradicionales (Medicina, Derecho e Ingeniería), establecidas en 1934, como compensación simbólica de la derrota sufrida por los paulistas en la Revolución Constitucionalista de 1932, la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la Universidad de San Pablo (FFCL-USP) siguió rumbos distintos de aquellos que le fueron asignados inicialmente.[3] Su consolidación se procesó en una “franja creciente de desencuentro entre los objetivos” originales de formación de nuevas élites esclarecidas, “tal como fuera definido por sus mentores”, y la dirección modesta y profesional imprimida por la comunidad que efectivamente garantizó su funcionamiento.[4] En los primeros años de la institución fue notoria la presencia de capas sociales en descenso, partidarias de la erudición y el ensayismo, que rendían tributo a la cultura letrada adquirida en el seno familiar. Esas capas sociales, así como este tipo de producción, fueron suplantados en las dos primeras décadas de la institución por el ingreso de estratos sociales modestos, para los cuales los diplomas representaban una oportunidad de obtener una profesión —notoriamente, las mujeres y los hijos de inmigrantes—. Paulatinamente, entró en vigencia un estilo de trabajo intelectual opuesto al erudito, con eje en el trabajo ascético y movilizador de las competencias adquiridas por la vía escolar.[5] El círculo de lectura en cuestión reproduce a escala reducida ese perfil plebeyo y de clase media, excepto por el hecho de ser exclusivamente masculino (véase cuadro 1).


La práctica de la lectura intensificó los lazos previos de amistad y suplantó la heterogeneidad de los miembros, mediante la producción colectiva de principios de apreciación/menosprecio del trabajo intelectual y del establecimiento de modalidades de trabajo, generadoras de conductas. Las reuniones del “Seminario Marx” eran quincenales, los sábados por la tarde, y se alternaban las casas de los participantes y los expositores del texto. Cada seminarista debía “explicar” su extracto, según el modelo de Giannotti, cuyo método consistía en un “análisis estructural (…) a fin de extraer de la propia obra estudiada los procesos metodológicos que llevaron a su realización”. Como no se cuenta con escritos metodológicos del propio autor, es preferible descubrir su método en la práctica y además “el libro es admirable, porque posee una arquitectura rigurosa y monumental”. Recomendaba: 1) “someter el libro a la misma técnica de interpretación de los textos filosóficos”; 2) ir “pacientemente en busca de las intenciones que llevaron al filósofo a estructurar la obra de determinada manera”; 3) “demarcar con cuidado las variaciones de sentido de los términos empleados, buscando relacionarlas con los nuevos contextos en que fueron insertados”.[6] Obsérvese que las recomendaciones definían una práctica de lectura, y, efectivamente, lo que era la lectura para el círculo: la reconstitución fiel de la arquitectura y de los argumentos del texto para recuperar el sistema filosófico del autor.Este es un cuadro sumario. Puede verse un detalle prosopográfico en Lidiane Soares Rodrigues, “A produção social do marxismo universitário em São Paulo (1958-1978)”, Tesis de Doctorado en Historia, USP, 2011.

Cuando Giannotti ingresó en el curso de Filosofía de la FFCL-USP, hizo del ejercicio de este “método de lectura estructural de los textos” una rutina —práctica introducida en San Pablo por profesores de las llamadas “Misiones Francesas”, contratadas para la fundación de la USP.[7] El método estaba destinado a “grandes textos y autores”: en 1935 uno de los misioneros, Jean Maugüé, advertía que leer “debe ser una regla de vida para el estudiante” y “no debe leer naturalmente sino a los buenos autores”, porque “es más seguro leer a aquellos que el tiempo ya ha consagrado” y la “filosofía comienza con el conocimiento de los clásicos”.[8] Por lo tanto, dedicar el método a Karl Marx violaba la jerarquía del área: no era considerado un “gran autor”; inconclusa y cambiante, su obra no se ajustaba a la noción de “sistema filosófico”.[9]

La incongruencia (método elevado x autor rebajado) fue modificada por la práctica de la aplicación del método de lectura (es decir, el trabajo del grupo) y por los usos de los conceptos, las nociones y el método del propio Marx, y de otros autores leídos colectivamente, en las disciplinas académicas (es decir, el trabajo de cada integrante en sus áreas). La vida intelectual del grupo fue involuntariamente documentada en las tesis defendidas por sus integrantes, puesto que fueron una “especie de prueba de fuego para el marxismo, porque la idea era hacer tesis que además de marxistas fueran mejores que las otras”.[10]

O Capital no fue el único libro que leyeron juntos. Según ellos, la publicación en francés de História e consciência de classe de Georg Lukács así como de Questões de Método de Jean-Paul Sartre los obligó a interrumpir la lectura de Marx para dedicarse a esos dos libros. De nuevo, resulta imposible reconstruir el deslizamiento de la agenda de lecturas, pero todo lleva a creer que la sugerencia haya partido de los más jóvenes. Los seminaristas se reunieron entre 1958 y 1964, año en que la dictadura cívico-militar llevó a Fernando Henrique Cardoso a salir del país.

El segundo círculo de lectura se formó en torno a dos miembros que tuvieron participación en el seminario caracterizado anteriormente. En 1963, Roberto Schwarz regresó de Estados Unidos y Ruy Fausto, de Francia. Reunieron a colegas que, como ellos, ya habían asistido esporádicamente al otro seminario —como Bento Prado Jr., Paul Singer y los sociólogos Francisco Weffort, Michel Löwy y Gabriel Bolaffi. Este grupo contó también con la participación del filósofo João Quartim de Moraes, de la filósofa Marilena Chauí, del arquitecto Sergio Ferro, del entonces estudiante de medicina Beth Milan, del economista Paulo Sandroni, de la historiadora Emilia Viotti, de los cientistas sociales Claudio Vouga, Emir Sader, José Francisco Quirino dos Santos, Lourdes Sola, Célia Quirino y Albertina Costa. La composición social de los miembros de este grupo corresponde al perfil de preferencia del reclutamiento de los alumnos de la FFCL-USP, tal como se mencionó anteriormente. Robert Schwarz, Ruy Fausto, Michael Löwy, Gabriel Cesare, G. Samuele, Vital Bolaffi y Paul Singer tienen raíces judías; Emir Sades, libanesas.

Las reuniones preveían la “lectura de unas 50 páginas cada dos semanas, valiéndose de la diversidad de formación de los participantes en un marco de homogeneidad general sobre el marxismo”.[11] Las reuniones no se cerraron después del golpe cívico-militar, pero los propósitos del grupo se fueron alterando y sus energías se orientaron a la edición de Teoría e Prática. Esta revista, principal difusora de las actividades del grupo, publicó tres números y fue interrumpida debido a la represión policial en 1968.[12]

Estas dos experiencias son ejemplos de lo que Norbert Elias denominó “intelectualización selectiva” de la teoría. Un indicio irrefutable de ello es el hecho de que en una fase en la que el marxismo crecía fuertemente en los partidos, sus formas primitivas de autoclasificación eran predominantemente oriundas de la esfera política (comunistas, trotskistas, socialistas). Avanzada la estructuración en torno a instituciones del saber (esfera cultural), estas formas se convirtieron en tres grandes tradiciones autorales: althusserianos, gramscianos y lukacsianos. Este cambio expresa lo que hemos llamado “marxismo universitario”.[13]

Scholars o militantes: una oposición estructural

[El marxismo] había existido como artículo de fe del Partido Comunista […]
era una presencia doctrinaria […] adquirida en manuales […] la vulgata estalinista [y] la propia opción revolucionaria y popular […] habían contribuido a confinarlo en un universo intelectual precario, alejado de la normalidad de los estudios […] nuestra escuela de la calle María Antônia, ambiciosa y caipira […] (tenía) como bandera el patrón científico, en oposición a la ideología. Además, es posible que la apuesta marxista ‘pura’, orientada hacia la dinámica autónoma de la lucha de clases, tuviera más verosimilitud en el cuadro del capitalismo paulista. Al paso que en Río, con las brechas y fondos ofrecidos a la izquierda por la promiscuidad del nacional-populismo, no había cómo decir no al Estado (…).[14] 

 [Schwarz hace] apología del corpus universitario como instancia superior
capaz de ofrecer los fundamentos científicos de una teoría revolucionaria […]. Nada menos marxista […]. Sólo con el llamado marxismo occidental […] es que las elucubraciones universitarias pasaron a tener importancia […] lo que habrán asimilado de la teoría del capital aquellos aspirantes
a exegetas de Marx (?) […] El seminario pretendió aislar la elaboración teórica
en una campana a prueba de microbios practicistas […] los pobres militantes […] no poseían el necesario nivel intelectual, y entonces cabía a los cenáculos culturales universitarios, en la tarea de producir teoría […] ‘gorda y monótona bestia paulista’ [15]



Las citas de arriba se basan en dos ejes: a) las lógicas opuestas del espacio político y académico; b) la centralidad nacional y el cosmopolitismo de la vida cultural carioca en contraste con la posición irrelevante y el carácter provinciano de San Pablo. Se destacan, por un lado, el ethos, los códigos y las reglas del polo científico, defendidas por Roberto Schwarz, crítico literario y ensayista —perteneciente a una familia vienesa judía emigrada— que participó del “Seminario Marx” en calidad de alumno brillante y que dominaba la lengua alemana, presupuesto de la accesibilidad a la lectura “estructural”. Por otro lado, el esfuerzo por empequeñecer ese universo, por parte de Moacir Werneck de Castro (1915-2010), periodista, de la familia Lacerda Werneck, afiliado al PCB entre 1947-1956.[16]

Schwarz delimita el proyecto del “Seminario”, en tanto “marxismo puro”, en oposición al marxismo como “artículo de fe”, de contenido “doctrinario”, de “manuales”, repetidor de la “vulgata”, propio de un “universo intelectual precario lejos de la normalidad de los estudios”, de la ciencia y, por lo tanto, reproductor de “ideología”. En cambio, Werneck de Castro descalifica la “apología del corpus universitario como instancia superior” y sus “elucubraciones”, propias de una “campana” aislada, típica de “cenáculos culturales”. Coloca en duda al “marxismo puro”, puesto que “nada menos marxista” que este aislamiento de la teoría en relación con la práctica política. La legitimidad del marxismo de uno es una deformación según los parámetros del otro.

La toma de distancia en relación a la esfera política, mantenida por los seminaristas, derivaba de la centralidad asumida por la vida universitaria en la ciudad de San Pablo. Sin embargo, la densidad de la dinámica cultural en la capital federal era diversa, realidad que es testimoniada por las casas editoriales, las revistas, los círculos de lectores y de discusiones.[17] La contraposición de la vida intelectual en la ciudad de Río de Janeiro con el escenario paulista es notable, tanto en el plano de las disciplinas académicas como en el ámbito del marxismo. Los acuerdos políticos que posibilitaron las experimentaciones en las instituciones del saber, así como la dinámica de la producción intelectual de esas instituciones y el carácter competitivo de los agentes, no corresponden a la autorregulación entre pares —observada en la experiencia de San Pablo.[18] En lo que se refiere al marxismo, de modo idéntico, el distanciamiento de la esfera política y el “rigor académico” no encuentran equivalente en Río de Janeiro y llegan a ser motivos de broma. Es lo que muestra la anécdota recogida por Marcelo Ridenti: en Río de Janeiro había un grupo de jóvenes intelectuales reunidos para leer las obras de Marx y, a diferencia del “sesudo” grupo paulista, aquel grupo era famoso por ser frecuentado por “bellas mujeres”. “Uno de sus integrantes solía decir: ‘Quien no tiene Cadillac consigue mujer con el Manifiesto Comunista’.”[19] El estilo regionalizado de practicar las ciencias sociales en Brasil y los diferentes escenarios urbanos incidieron en las modalidades de lectura de los marxistas.[20]

La lectura y la manera de leer de los “marxistas universitarios” se oponían a la de los militantes (de partidos, movimientos y sindicatos). Unos y otros orientaban su acción según la práctica definidora de su espacio. Los textos circulaban entre los comunistas en soportes y modalidades de edición y traducción que correspondían a las tareas prioritarias de la esfera política. Se trataba de manuales y compilaciones con extractos de textos de varios autores, vertidos al portugués a partir del francés y del español (lengua materna de varios de los dirigentes publicados), jamás del alemán o del ruso. El arreglo de los textos (edición, traducción y lectura extensiva) se subordinaba al objetivo de incorporar a los militantes y simpatizantes del comunismo, socialismo y marxismo. Si los militantes partidarios apuntaban al aumento de sus “camaradas de ruta”, los académicos los contabilizaban según las competencias de las que eran portadores.[21] Si a los primeros les interesaba la lectura como prueba del compromiso con la causa; a los segundos sólo les interesaba si se ejercía según las reglas de la Filosofía, en primer lugar y, luego, de las disciplinas en las cuales intervenían.[22] Las consecuencias prácticas de estas diferencias (cierre/apertura, patrones de oposición interna a la institución) implicaron: a) usos diferenciados de los bienes simbólicos; b) ejercicio claro de las operaciones de importación cultural (lectura, traducción, comentario y edición); c) diferentes prácticas de incorporación de los autores en las discusiones. Por lo tanto, entre las décadas del cincuenta y el setenta, esos dos polos encerraron dos universos culturales irreductibles el uno al otro: del patrón académico sería eliminada, por su condición política, precisamente la jerarquía que este patrón necesitaba construir para obtener el reconocimiento de la legitimidad de su empeño en la lectura; del patrón político serían eliminadas, por su condición académica, todas las condiciones de amplia difusión de las ideas.

Entre los desdoblamientos de los seminarios antes caracterizados, se destacan la alteración del estatuto autoral de Karl Marx —que pasó de desconocido y sospechoso a clásico— y la rutinización de una forma social de lectura entre interesados ​​en el marxismo —vale decir, reglada, colectiva y selectiva. El grupo difundió la creencia y la práctica de exigir para la lectura de Marx “la misma conversión al texto, que reclama toda obra filosófica de importancia (…)”.[23] Lentamente, el método y el repertorio acumulado y difundido en las áreas de los seminaristas se convirtieron en un capital específico —es decir, un recurso diferencial en el espacio, ambicionado por muchos y del que algunos estaban dotados y otros no.

Se engañaría quien supusiera que el abordaje inusual de la presente investigación ignora el marxismo partidiario. Estando organizado el espacio de los lectores y de las lecturas en torno al campo político-partidario y al científico-académico, es la relación entre ambos la que necesita ser investigada en mayor detalle.[24] En este sentido, sin suponer que el estado de autonomía se perpetúe por iniciativa propia y sin ignorar las condiciones materiales y sociológicas de ese recorrido,[25] se trata de indagar si el “marxismo universitario” en Brasil se mantuvo “refractario al marxismo partidario”. La respuesta a esta pregunta supone aquilatar los grados de permeabilidad entre el campo científico y el político, además de buscar ampliar los datos. El desarrollo de la investigación en esta dirección implica la ampliación del objetivo: llegar a la actualidad, puesto que las dos experiencias anteriores se circunscribían a los años sesenta, y ampliar el espacio, pues el sistema universitario y el partidario cubren todo el territorio nacional: he aquí el origen de la encuesta mencionada en la introducción.

Comunistas y scholars: una interdependencia estructural

El cuestionario respondido por los marxistas en 2014 contenía una pregunta abierta: “¿Cuál es el autor/intérprete del Brasil por el que tiene más interés?”.[26] El examen de las respuestas permite auscultar el estado actual de las relaciones entre ciencia y política, entre los marxistas universitarios. A continuación, se presentan los resultados, hasta el séptimo lugar, del ranking que elaboramos a partir de las respuestas a aquella pregunta:

AUTORES

RESPUESTAS (%)

1 Florestan Fernandes

21,4

2 Caio Prado Junior

15,9

3 José Paulo Netto

6,9

4 Carlos Nelson Coutinho

5,3

5 Ricardo Antunes

4,0

6 Demerval Saviani

2,9

7 Ruy Mauro Marini

2,7

Total

59,1%

En primer lugar, conviene aclarar que las preguntas del tipo “autor que suscita más interés” no son capaces de recolectar a los autores efectivamente leídos por los encuestados. En este ranking se registró en los encuestados una obligación incorporada: el sentimiento de “deber leer a tal autor”.[27]

En segundo lugar, como el cuestionario se dirigió a individuos relacionados con el sistema universitario —sea como trabajo profesional remunerado (profesores), sea por interés en integrar este cuerpo (alumnos de posgrado)— la expectativa era que se orientaran por principios profesionales y universitarios en sentido estricto.[28] En este sentido, el conjunto de los encuestados sería heredero del tipo de trabajo representado por los seminaristas de Gianotti. Con todo, el ranking ofrece indicios contraintuitivos que lo contrarían. (Obsérvese el cuadro 2)

 

Todos los autores que figuran en el ranking, desde el 2º hasta el 5º lugar, pertenecieron al PCB o transitaron algún tipo de socialización militante partidaria ligada a él; el 1º fue militante trotskista en el inicio de su carrera y petista al final de ella. Por lo tanto, conviene caracterizar la articulación entre la militancia partidaria y la carrera profesional, considerando sus ciclos de vida y la reconfiguración de los espacios político y científico.

Las transformaciones estructurales, que aún tienen vigencia en el espacio en que alumnos/profesores encuestados actúan, ocurrieron entre los años setenta y ochenta. Los recursos económicos que viabilizaban la reconfiguración del sistema educativo y de investigación brasileños combinaron fuentes del sector público-estatal con una financiación privada nacional y extranjera —indisociables de la Guerra Fría científica, que volcó en América Latina abultados recursos económicos. La Fundación Ford, por ejemplo, priorizó la inversión de recursos en ciertas regiones del territorio nacional (Río de Janeiro, Minas Gerais y San Pablo) y en el campo global (financiando doctorandos brasileños en Estados Unidos). Además, priorizó disciplinas específicas (en particular, Ciencias Políticas y Antropología) y convenios institucionales novedosos (nuevos programas de postgrado/PPGs y centros de investigación privados) por fuera del sistema universitario.[29] En consecuencia, las universidades quedaron gradualmente en desventaja: sufrían la censura política por parte del Estado; recargaban a los profesores con obligaciones docentes; y dificultaban proyectos de investigación que requerían acuerdos organizativos colectivos.[30] Gradualmente, los agentes (científicos sociales e intelectuales en general) más dotados en capital científico monopolizaron las nuevas oportunidades de los centros privados de investigación, relegando a los agentes menos competitivos a los puestos de enseñanza, en áreas e instituciones dominadas.

En los años ochenta, la sedimentación y cristalización de estas transformaciones redundaron en una triple segmentación. El primer polo fue ocupado por las élites académicas, dotadas de un capital de relaciones internacionales de peso y relativas libertades, otorgadas por el gobierno autoritario. Se distanciaron del universo de la enseñanza superior en favor de la investigación, articularon las alianzas y negociaciones, viabilizando la constitución de centros privados y Programas de Posgrado.[31] En un segundo polo, se halla la fracción más juvenil, que se benefició de los insumos económicos y de la expansión de las instituciones, sea por medio del trabajo en esos centros, sea por el doctorado financiado por la Fundación Ford en Estados Unidos.[32] En una tercera configuración se encuentran las figuras envejecidas por el advenimiento del nuevo perfil de los científicos sociales y sin inserción en los nuevos acuerdos institucionales. En líneas generales, éstos están dotados de reconocimiento y visibilidad por el aura de radicalidad que la coyuntura del régimen militar y sus conductas críticas les ayudaron a construir. Mientras los dos primeros se concentran en centros de investigación y prácticas correspondientes al polo científico (de investigación/producción/innovación), los últimos se sitúan en las ramas del periodismo político, de las editoriales de libros de divulgación y libros militantes, concentrándose, en los espacios de perfil más pedagógico, de reproducción y de difusión de las ideas. El caso típico lo constituye Florestan Fernandes.

El primero en el ranking tenía niveles económicos y culturales modestos (era hijo de una inmigrante portuguesa, empleada doméstica, que no conoció a su padre). Su recorrido fue enteramente dependiente de la oportunidad de trabajo abierta por la creación de la FFCL-USP, en la que, entre los años 1954 y 1969, estuvo al frente de la cátedra de Sociología I. Fue para dedicarse enteramente a su carrera que abandonó las filas del trotskismo en las que militó a finales de los años cuarenta. En la FFCL-USP pudo realizar el trabajo de construcción institucional de la carrera de Sociología, basada en un programa modernizante.[33] Este proyecto científico fue interrumpido en 1969, cuando fue jubilado compulsivamente por el régimen militar y se exilió durante tres años en Canadá. Después de publicar su última obra magna, en la que defiende la revolución socialista como única alternativa para la solución de las desigualdades en Brasil,[34] sus actividades consistieron en la oferta esporádica de cursos libres, en la intervención desde la prensa masiva y en la coordinación de colecciones editoriales.[35] Fue elegido dos veces como diputado federal, por el Partido de los Trabajadores (PT), al que se afilió en 1986, con el propósito primordial de participar en la Asamblea Constituyente.

En el caso de Florestan Fernandes, la militancia partidaria tiene, por lo tanto, fases de indeterminación (al inicio del recorrido) y de mayor relajamiento de los compromisos profesionales (hacia el final): Florestan fue militante del trotskismo en los años cuarenta y del Partido de los Trabajadores, en los años ochenta. En la fase más productiva de su vida, es la carrera académica la que lo orienta: los temas y el modo de elaboración de sus tesis son determinados por la competencia con pares, que definen las controversias centrales de su trabajo. El intervalo entre su jubilación obligatoria y el ingreso al PT (1969-1986) corresponde precisamente al establecimiento de ese nuevo escenario institucional —con la predominancia de los centros privados de investigación, la americanización del trabajo y de las referencias, además del financiamiento de la Fundación Ford— al que no se adapta y contra el cual batalla incansablemente. Algunas fracciones de lectores cultivados, además de otras fracciones de los estudiantes de ciencias sociales, igualmente no adaptadas a este nuevo perfil, constituyen el público preferencial del tercer polo que mencionamos arriba: el de los “figurones envejecidos”, en el que ubicamos a Florestan Fernandes.[36] No sorprende que en esta etapa de su trayectoria alcance el auge de su acumulación de capital simbólico, ejercitando una denuncia incansable al patrón de profesionalización de sus pares, al aburguesamiento de ellos, además de oponerse a la Fundación Ford.[37] Resulta imperativo realzar la ambigüedad: entre 1954-1969 fue el artífice de una disciplina científica y entre 1970-1986 se convirtió en el crítico de esa profesionalización. Concomitantemente, procuró lanzarse como el “marxista-leninista” más radical del escenario, lo que se hizo evidente en su práctica editorial. Su más osada intervención en la actividad editorial fue la Colección Grandes Cientistas Sociales, publicada entre 1978 y 1990 por Editora Ática. Por un lado, el perfil de la editorial y, por otro, el perfil de los autores publicados en ella, explican el éxito y la longevidad de esta colección —todavía hoy referencia para algunos cientistas sociales de Brasil— y tornan comprensible que Florestan Fernandes ocupe la cima de ese ranking.

En lo que se refiere a la editorial, se confirma la aserción según la cual el público-consumidor es el principal inductor de los catálogos.[38] Sus colecciones consistieron en versiones populares de la cultura erudita y se dirigían a las capas sociales doblemente destituidas —de capital económico y de capital escolar—[39] que habían ingresado en las universidades, en función de la expansión del sistema educativo que desplegó el régimen militar.[40] En lo que se refiere al perfil de la colección Grandes Cientistas Sociales, se observa que existen tanto los autores que se volvieron indiscutiblemente clásicos (Durkheim, Weber, etc.)[41] como los autores cuya producción intelectual no fue regida por el campo científico, sino por las vicisitudes de la vida política: son de los dirigentes políticos, líderes revolucionarios o cuadros burocráticos de Estado, a saber: Lenin, Engels, Guevara, Trotski, Nabuco, Mariátegui, Deutscher, Stalin, Mao Tse-Tung, Sarmiento, Bolívar, Ho Chi Minh, Proudhon, Fidel Castro (componen la colección Política); Keynes, Kalecki, Lange, Malthus, Marx, Furtado, Quesnay, Bukharin (componen la de Economía). El trabajo de divulgación de grandes autores para públicos predispuestos a apreciar la versión popular de los bienes eruditos contribuye fuertemente a la visibilidad del coordinador de esta colección, Florestan Fernandes, así como de sus colaboradores (cada volumen contaba con un organizador, responsable de un texto introductorio de la vida y obra del autor). Entre los colaboradores, se encuentran José Paulo Netto (3er lugar) y Carlos Nelson Coutinho (4to lugar).

La participación de ellos en esta colección se vincula con el conjunto de las prácticas más típicas en las que invirtieron sus energías. A diferencia de los demás autores del ranking, ellos no desarrollaron investigación empírica; su producción está dominada por la elaboración de paratextos y comentarios a ediciones de autores marxistas, de carácter pedagógico y orientadas a la divulgación a gran escala.

La centralidad asumida por los paratextos “subsidiarios”[42] de los autores marxistas se explica sólo de modo parcial por el nivel relativamente bajo de capital cultural y lingüístico del público de los marxistas y de los encuestados.[43] Es que ella además se vincula, por un lado, con la acumulación de discusiones en torno a un autor, y, por otro, con hecho de ser, en su mayoría, autores extranjeros. De ahí que la práctica de la traducción y el comentario se correlacionen con la posición dominada de los países periféricos en el espacio global de los intercambios simbólicos, ante la que la difusión del marxismo no quedó indemne. Las asimetrías específicas del intercambio global de los bienes culturales jerarquizan a los agentes, las obras y sus lenguas.[44] Esta condición implica tareas específicas que deben ser cumplidas y conforman un conjunto propio de “modalidades de excelencia intelectual” que organizan, estructuran y jerarquizan el espacio social de los marxistas brasileños.[45] Dentro de estas modalidades, indiscutiblemente la traducción y el comentario confieren respetabilidad a los que los realizan, reconocidos como “conocedores profundos” del autor que divulgan, en el cual fijan su identidad (los lukacsianos comentan a Lukacs, los gramscianos a Gramsci, etc.).[46] (Como se observa en el cuadro 3)

Sujetos a las determinaciones de la jerarquía del intercambio global de los bienes simbólicos, los campos intelectuales nacionales no absorben a esos bienes de modo pasivo. Es la dinámica del campo nacional de recepción, tanto en términos políticos como científicos, la que confiere sentido e imprime filtros a la importación, puesto que los mediadores nacionales de ella actúan movidos por la dinámica conflictiva de él. De este modo, el tipo de articulación entre militancia partidaria y carrera profesional, en el caso de José Paulo Netto y Carlos Nelson Coutinho se evidencia considerando el perfil de la producción intelectual (Cuadro 3) y el escenario de sus ingresos en el sistema universitario (Cuadro 2). Ambos lograron insertarse en la enseñanza superior al regresar de sus exilios, en posiciones correspondientes al polo didáctico-pedagógico y en disciplinas dominadas en el interior de la jerarquía establecida por la reconfiguración del espacio de las ciencias sociales —anteriormente caracterizada— esto es: Servicio Social, Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Las declaraciones sobre el trabajo intelectual ofrecen indicios irrefutables de la correspondencia entre las posiciones dominadas/didácticas y la denegatoria del sistema que les niega posiciones dominantes —Coutinho se dirige contra la segmentación disciplinaria; Netto contra la universidad en general.

Nunca me consideré filósofo porque nunca me preocupé demasiado de esa división departamental del saber […] Creo que todo esto está ligado a mi condición de marxista. ¿Qué era Marx? ¿Qué era Gramsci? Gramsci era un teórico de la política, era un folclorista (ya que escribía sobre folclore?). Me siento siempre incómodo cuando escriben “Carlos Nelson Coutinho, científico político”.[47]

La academia para mí fue siempre una estación […]. A diferencia de muchos compañeros, que imaginan la academia como un espacio de debate libre y de investigación autónoma, yo la evalúo como un lugar de reproducción ideológica al servicio de la burguesía y del capital […] tenemos que estar en ella para forzar la polémica sobre cuestiones sustantivas, para evidenciar contradicciones, para dialogar y aprender con los que piensan de modo distinto a nosotros, para fomentar la investigación sobre lo que es socialmente relevante, para llevar al límite sus eventuales dimensiones sociocéntricas, para estimular la duda sin la cual el conocimiento es impensable, pero todo eso sin ilusiones. Yo estoy en la academia, no soy de la academia.[48]

El 5to lugar, Ricardo Antunes, presenta una carrera académica que predomina sobre la política; en oposición al 3er y 4to lugar, que presentan una carrera política que predomina sobre la científica (Cuadro 2). Examinando el curriculum y la producción intelectual de Ricardo Antunes, se observa que, a diferencia de los anteriores, produjo investigaciones empíricas de fondo. Además, invirtió menos en comentarios de autores, pero no dejó de problematizar sus investigaciones en sociología del trabajo a la luz de aquellos “comentados” —notablemente, Georg Lukács—. Antunes muestra un perfil más orientado a la carrera científica y profesionalizada: el recorrido ya rutinizado —que va de la graduación al título de doctorado— fue ininterrumpido. Su socialización y cercanía con círculos del PCB no implicó escoger entre el campo de la ciencia y el de la política. No sorprende que su declaración haga converger lo que otros separan: “[trabajo riguroso y científico/militancia] eso no es una antinomia. Militante no es necesariamente grosero y académico no es necesariamente sofisticado. Es posible intentar una fusión. Estoy hablando de una generación que nos inspiró como CNC o LK”.[49]

Entre los cinco autores mejor posicionados en el ranking, Caio Prado Jr. es el único que jamás dependió económicamente del trabajo como profesor universitario o investigador y que jamás rompió con el PCB, desde su ingreso en 1932, a los 25 años. La articulación entre el polo científico y el partidario, que venimos presentando, en los demás casos resulta más compleja y simultáneamente estratégica para aquilatar la permeabilidad de los espacios entre sí.

Objetivamente, Caio Prado Jr. vivió completamente libre de las constricciones económicas que condicionaron las elecciones de los demás autores. Nacido en una familia acomodada de hacendados cafeteros, recibió una educación adecuada a la de los hombres de su estrato social y se preparó desde temprano para el ejercicio de la vida política partidaria. Sin embargo, en la fase de recomposición de las élites dirigentes, es decir entre 1920 y 1945, los canales generacionales sucesorios entraron en crisis y el destino social de esas élites se bloqueó. Como tantos jóvenes bien nacidos y bien educados, Caio Prado Jr. se sumó a las filas del PCB.[50] En el partido, se mantuvo en una posición de obediencia política —jamás lo abandonó—, que se combinaba con una insubordinación imaginaria pero de perfiles claros: estaba siempre en desacuerdo con las tesis del partido y editaba los libros de amigos que lo criticaban, además de los libros propios.[51] Sus temas preferidos fueron los del partido y en su oposición/competencia con pares políticos fue elaborando sus tesis. La introducción de sus ideas en el medio universitario, notablemente entre historiadores, dependía de un trabajo de encuadramiento y “academización” de su obra —realizado, principalmente, por Fernando Novais, miembro del primer seminario, tratado más arriba.[52]

Y, sin embargo, los encuestados no disponen del conocimiento detallado de la historia de vida de los autores: el “deber de leerlos”, sorprendido por la pregunta, es incorporado por diversos medios que los dispensan de la reconstrucción objetiva de las biografías de los autores. El interés en ellos es producido socialmente por un conjunto de fragmentos calculados menos por el compromiso con la objetividad fáctica que con los sentidos prestados a las prácticas, como conferencias y homenajes. Por eso, el mejor vestigio que tiene que ser recuperado lo constituyen las entrevistas, los obituarios y toda suerte de “textos menores”, producidos por y para la propia población en examen. En estos textos, la sociodicea colectiva se personifica en las figuras de autores ejemplares, cristalizando el ethos de los encuestados. No sorprende que la representación más corriente de Caio Prado Jr. se encuentre justamente en el obituario que Florestan Fernandes, el 1er lugar del ranking, elaboró. Declara sobre la relación de Caio Prado Jr. con el Partido Comunista:

Aquí tenemos una característica suya muy importante que vale resaltar: su famosa independencia. El hecho de ser él un militante ejemplar, devoto al partido y que al mismo tiempo no acataba los aspectos estúpidos de una orientación errónea […]. Esa independencia es el rasgo más sobresaliente de la personalidad de Caio Prado Jr. […] esa independencia hizo de él un hombre singular, entre los militantes del Partido Comunista […]. Por un lado, los militantes del Partido Comunista deseaban ardientemente la adhesión de los intelectuales, principalmente, los de mayor prestigio. Pero todavía no estaban preparados para asimilarlos. Nos humillaban de manera mezquina y los maltrataban. Además, no sabían cómo aprovecharlos constructivamente. Por otro lado, los que los perdían [la clase de origen] no los perdonaban […] eran traidores a la clase, por lo tanto, traidores de los valores sagrados de la Patria.[53]

Las posiciones sociales y políticas de los encuestados, así como su posición en el sistema universitario y partidario, explican la elección de los autores por parte de los encuestados. Los datos sobre la militancia y la preferencia partidaria de los marxistas brasileños demuestran ese principio generador de las respuestas, dando cuenta de que el espacio social constituido por los encuestados propicia una refracción de las propiedades sociales de los electores en las figuras de los autores elegidos.[54]

¿Tiene alguna preferencia partidaria?

%

No

30,2

Sí (diversas respuestas)

69,8

¿Es afiliado a algún partido político?

%

No

72,1

Sí (diversas respuestas)

27,9

 

La observación más superficial advierte que el 69,8% de la población de encuestados, aun cuando posee alguna preferencia partidaria, no está afiliada ni milita orgánicamente en ningún partido (72,1%). No resulta casual que la población encuestada elija autores cuya pertenencia al sistema partidario ha sido peculiar y sin grandes recompensas; y que, siendo centrales en la vida intelectual nacional, sufrieron reveses en sus carreras. Desde el punto de vista del campo político, Florestan Fernandes, como ya se vio, se vinculó a partidos por dos breves períodos, al inicio y al final de su trayectoria; y Caio Prado Jr. fue fiel al PCB, pero no obtuvo ni disputó grandes espacios en su interior.[55] Desde el punto de vista del campo académico, Florestan Fernandes pasó del auge al descenso por su jubilación forzada. Caio Prado Jr. jamás se convirtió en miembro de la Universidad de San Pablo. Y esos aspectos de sus biografías son reivindicados ​​insistentemente en los diversos homenajes y efemérides de que son objeto. Ambos personifican precisamente la posición doblemente dominada de los marxistas dentro del sistema universitario y partidario.

Consideraciones finales

La investigación presentada en este artículo entiende que la obra de Karl Marx y de numerosos autores marxistas corresponde a casos particulares de un fenómeno más amplio: la circulación internacional de ideas, agentes y bienes culturales. Por eso, la constatación del alto nivel intelectual de esas obras no basta para comprender su longevidad. Creemos importante recuperar, desde un punto de vista sociológico e histórico, los rumbos que impusieron los circuitos en los que las obras y las ideas pudieron atravesar tiempos y espacios. Las prácticas de lectura, traducción y comentario, tal como se ven en los dos principales momentos tratados (en los años sesenta y en la actualidad), comprueban esta perspectiva. La centralidad que ellas asumen en el escenario brasileño y latinoamericano no es equivalente a las del marxismo en su suelo nativo, es decir, en los países europeos.

Además, se trata del desarrollo del marxismo en torno a dos principales espacios de producción simbólica: la esfera política y la científica. Los agentes típicos de una y otra trabajaron en favor de la longevidad del marxismo y, concomitantemente, imprimieron principios selectivos sobre las fracciones de las obras tanto de Marx como de autores marxistas, haciendo de ellas usos distintos, correlativos a la especificidad de las prácticas de aquellos agentes.[56] Así, en la esfera política, se destacan partidos, sindicatos, movimientos sociales, líderes, dirigentes políticos, gobiernos que se autodesignaron “marxistas” y que colaboraron, de diversas maneras, en la difusión de las ideas de Karl Marx. No por casualidad, los ejercicios de lectura, traducción y comentario desempeñados por Carlos Nelson Coutinho y José Paulo Netto se remontan a la militancia partidaria. Ellos lograron inscribir su capacidad de trabajo pedagógico en las posiciones universitarias y estas fueron permeables a ese trabajo. En la esfera científica, los agentes que introdujeron las ideas de Karl Marx en las más diversas áreas del conocimiento (tales como historia, sociología, antropología, ciencias políticas, geografía, economía, psicoanálisis), y siguen adoptándolas como referencia, trabajaron activamente por su longevidad.[57] Ellos hacen, con todo, usos diversos a los observados arriba.

El esfuerzo de este análisis, en lo que se refiere al encuadre que estas esferas imprimieron al marxismo, consistió en señalar que la oposición entre ellas no implica, invariablemente, un rechazo recíproco. Las particularidades del desarrollo del campo partidario y el universitario brasileño permitieron que el intercambio de autores e ideas de uno y otro polo asumiera la vigencia que el ranking indicó.

[Traducción del portugués: Adrián Celentano (UNLP)]



  1. Lidiane Soares Rodrigues, “A produção social do marxismo universitário em São Paulo (1958-1978)”, Tesis de Doctorado en Historia, USP, 2011; “Por uma história social do marxismo”, Crítica Marxista, n° 36, 2013.

  2. Los individuos respondieron a un cuestionario de 59 preguntas. Se establecieron tres filtros: a) identificarse como marxista; b) trabajar como profesor y/o estudiar en una universidad pública o privada; c) si es estudiante, estar a nivel de postgrado (maestría, doctorado o postdoctorado). Si los filtros “b” y “c” inciden en la selección de los agentes más comprometidos en el mantenimiento del marxismo, el ítem “a” busca resolver un problema típico de ese medio. Como ya advirtió Horacio Tarcus, se deben superar “antiguos análisis orientados por los términos de ‘traición’ o ‘mala comprensión’ del autor” (Horacio Tarcus, Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, p. 29). Se puede así evitar la discusión, a fin de cuentas escolástica, acerca de los decretos sobre quién es o no “marxista” —como afirmó Georg Haupt sobre la evolución semántica del término “marxismo/marxista”: “el problema consiste más en examinar el modo en que se impone una noción de este tipo, en las razones de su difusión y de su utilidad, que en indagar sobre su legitimidad o fidelidad en referencia al proyecto inicial de Marx”— (Georges Haupt, “Marx e o marxismo”, en Eric Hobsbawm (ed.). História do marxismo, Vol. 1, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1983, p. 348). También vale mencionar las 59 preguntas que apoyan la caracterización del perfil socioeconómico, intelectual y político de estos entrevistados. Esas preguntas se organizaron en tres bloques: a) morfológico (edad, sexo, salario, profesión de los padres y región geográfica de origen y de trabajo); b) tomas de posición política (militancia, preferencia y rechazo partidarios, compromiso en movimientos y opinión acerca de políticas afirmativas, entre otras) y tomas de posición teórica (preferencia y rechazo de autores y dirigentes políticos, cientificidad del marxismo y relación con teorías en competencia, entre otros); c) vida profesional (posiciones en el espacio de las disciplinas académicas y del marxismo: alumno/profesor, área/disciplina profesional, motivaciones de carrera, participación en poderes institucionales, como comisiones, jurado de evaluación en tesis y concursos, directorios y rectorías, entre otras). La divulgación de esa encuesta se produjo en forma segmentada: Lidiane Soares Rodrigues, “O que um ranking tem a dizer”, Associação Brasileira de Ciência Política (ABCP), 2016, disponible: https://cienciapolitica.org.br/system/files/documentos/eventos/2017/04/que-hit-parede-tem-dizer-1052.pdf; “Leitores e leituras acadêmicas de Karl Marx (São Paulo, 1958-1964)”, Intelligere, São Paulo, Vol. 2, n° 2. La recolección de datos fue realizada en conjunto con Paula Marcelino y Danilo Torini —a quienes dejo expreso mi agradecimiento. De todos modos, las interpretaciones presentadas a continuación son enteramente de mi responsabilidad. La investigación fue financiada, en momentos distintos, por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y por la Fundación de Amparo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP).

  3. Fernando Limongi, “Mentores e clientelas da Universidade de São Paulo”, en Sergio Miceli (ed.), História das Ciências Sociais no Brasil, Vol. 1, São Paulo, Sumaré, 2001; Irene Cardoso, A universidade da comunhão paulista, São Paulo, Cortez, 1982.

  4. Sergio Miceli: “Por uma Sociologia das Ciências Sociais”, en História das Ciências Sociais no Brasil, Vol. 1, São Paulo, Sumaré, 2001, p. 105.

  5. Pierre Bourdieu: “Systèmes d’enseignement et systèmes de pensée”, Revue internationale de Sciences Sociales, Paris, Vol. XIX, n° 3, 1967.

  6. José Arthur Giannotti, “Notas para uma análise metodológica de “O Capital”, Revista Brasiliense, n° 29, 1960, p. 63.

  7. Marcial Guéroult formuló originariamente este método en 1952; sin embargo, en la FFCL-USP la propuesta fue también transmitida por medio de Víctor Goldschmidt en 1963. Es necesario aclarar que en Francia el uso de este método tuvo un sentido distinto al brasileño —se trata de otro de los efectos de importación de prácticas educacionales de un sistema a otro— (Paulo Arantes, Um departamento francês de ultramar, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1994; Lidiane Soares Rodrigues: “Um departamento municipal no ultramar francês: o cosmopolitismo de José Arthur Giannotti”, Campos, Vol. 18, n° 1-2, 2017).

  8. Jean Maugüé: “O ensino da Filosofia e suas diretrizes”, en Anuário da Faculdade de Filosofia, Ciências e Letras da Universidade de São Paulo. São Paulo: Seção de publicações, 1935.

  9. Paulo Arantes, Um departamento francês de ultramar, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1994.

  10. Roberto Schwarz, “Entrevista”, en Paula Montero; Flávio Moura (eds). Retrato de grupo. 40 anos do CEBRAP, São Paulo, Cosac Naify, 2009.

  11. Emir Sader, “Nós que amávamos tanto o capital: fragmentos para a história de uma geração”, en Sociologias, n° 14, p. 172.

  12. Cabe subrayar que, a diferencia del grupo anterior, emerge la presencia femenina, equilibrando el número de estudiantes por sexo; además de una sociabilidad mundana, dando origen a noviazgos. Además, el segundo seminario estaba más abierto a la vida política. Como el primero, todos se mantuvieron alejados de las filas del Partido Comunista Brasileño (PCB), pero muchos de los miembros del segundo seminario se aventuraron a la lucha armada como forma de resistencia a la dictadura militar, instaurada en 1964.

  13. Lidiane Soares Rodrigues, “A produção social do marxismo…”, op. cit.; Isabelle Gouarné, L’ introduction du marxisme en France. Philosoviétisme et sciences humaines (1920-1939), Rennes, Presses universitaires de Rennes, 2013.

  14. Roberto Schwarz: “Um seminário Marx” [1995], en Sequências brasileiras, São Paulo, Companhia das Letras, 1999.

  15. Moacir Werneck de Castro, “As deduções amalucadas”, en A máscara do tempo, Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1996.

  16. No se dispone de espacio aquí, pero el perfil sociológico de los militantes comunistas también es diferente del hallado entre los alumnos y estudiantes de la FFCL-USP (Leôncio Martins Rodrigues: “O PCB: os dirigentes e a organização”, en Boris Fausto (ed.), História geral da civilização brasileira. O Brasil Republicano, São Paulo, Difel, 1981, Vol. 3, t. 3.

  17. Sergio Miceli, Intelectuais à brasileira, São Paulo, Companhia das Letras, 2001.

  18. Ejemplos conspicuos de ello fueron: el establecimiento de la Universidad de Brasil (1937) y las interferencias gubernamentales en el reclutamiento de sus profesores (brasileños y extranjeros) (Marieta Ferreira, A história como ofício: a constituição de um campo disciplinar, Rio de Janeiro, FGV/FAPERJ, 2013); el patrocinio estatal y el reclutamiento de militares para el Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB) (Sergio Miceli: “Por uma Sociologia das Ciências Sociais”, en História das Ciências Sociais no Brasil, Vol. 1, São Paulo, Sumaré, 2001, pp. 22-25); el patrón de dominación simbólica y cooptación ejercido por las elites mentoras sobre los plebeyos practicantes de las ciencias sociales (Lidiane Soares Rodrigues, “Rivalidades científicas e metropolitanas: São Paulo e Rio de Janeiro, Sociologia e Ciência Política”, en Urbana: Urban Affairs and Public Policy, Vol. XVIII, 2017); la capital se constituyó en la sede de centros de investigación aplicada, centros subordinados a los aparatos de Estado, como el Centro Brasileño de Investigaciones Educativas (CBPE, vinculado al Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas/INEP), y las oficinas de organismos intergubernamentales, tales como el Centro Latinoamericano de Investigaciones Sociales (Maria Hermínia Tavares de Almeida: “Dilemas da institucionalização das Ciências Sociais no Rio de Janeiro”, en Sergio Miceli (ed) História das Ciências Sociais no Brasil, Vol. 1, São Paulo, Sumaré, 2001). A fin de eliminar malentendidos, aclaremos que esta observación morfológica no implica jerarquización entre las ciudades o entre sus intelectuales. Como se sabe, los lazos multiposicionales de las élites cariocas propiciaron la supervivencia y el reordenamiento de instituciones científicas en los años setenta.

  19. Marcelo Ridenti, Em busca do povo brasileiro. Artistas da revolução, do CPC à era da TV, Rio de Janeiro/São Paulo, Record, 2000, p. 48. Aunque no disponemos aquí de espacio para analizarlo, vale resaltar que, además de este tipo de bromas, la masculinización del espacio del marxismo produjo efectos estructurales, en su organización y jerarquización, produciendo posiciones y distribuyendo sus capitales específicos. A este respecto, Lidiane Soares Rodrigues: “Poder, sexo e línguas no marxismo à brasileira”, Repocs, 2019 (en prensa).

  20. Los principales artífices de la llamada “renovación” del marxismo, Leandro Konder y Carlos Nelson Coutinho, tratados superficialmente como equivalentes cariocas de las transformaciones observadas en el marxismo de San Paulo, expresan de modo notable esas oposiciones. Konder y Nelson Coutinho eran militantes del PCB, el diálogo y confrontación con sus líderes, así como los círculos artísticos y científicos dispersos en espacios de la capital federal, confirieron los contornos a la importación de las ideas de Georg Lukacs y Antonio Gramsci.

  21. Horacio Tarcus: “Vicisitudes de las ediciones de El Capital en el mundo hispanoamericano”, Política e Sociedade, Vol. 17, n° 39, 2018; Edgard Carone, O marxismo no Brasil (das origens a 1964), Rio de Janeiro, Dois Pontos, 1986; Jean-Yves Mollier y Marisa Midori (ed.), Edição e Revolução: Leituras Comunistas no Brasil e na França, São Paulo, Ateliê, 2013.

  22. No disponemos de espacio aquí para desarrollar este punto, si bien el perfil sociológico de los militantes también se diferencia de aquel encontrado entre los universitarios. Como lo muestran las propiedades más contrastantes en el cuadro 5 (Militancia partidaria x lectura universitaria).

  23. José A. Giannotti: “Notas para uma análise metodológica de O Capital”, Revista Brasiliense, n° 29, 1960, p. 63.

  24. Empleo “campo” en el sentido corriente e impreciso que esta palabra asumió actualmente y que no corresponde enteramente al concepto elaborado por Pierre Bourdieu (As regras da arte. Gênese e estrutura do campo literário, Lisboa, Editorial Presença, 1996). Es necesario aclarar que, desde el punto de vista operativo, por seguir la sugerencia de Gisèle Sapiro, según la cual del concepto de campo de Bourdieu vale retener la idea de “espacio de relaciones estructurado/estructurante” que orienta a los agentes en su lucha de unos con y contra los otros, y unos para los otros, en detrimento de la idea de autonomía (Gisèle Sapiro: “Le champ est-il national?”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales, Paris, Vol. 200, n° 5, 2013). Suponer que existe un “campo (autónomo) del marxismo”, como consecuencia de la oposición entre académicos y militantes, es un equívoco conceptual y empírico. Se han mostrado más apropiados los modelos analíticos desarrollados por el estudio de configuraciones socio-intelectuales similares a la del marxismo, tales como la del estructuralismo, que también reúne muchas disciplinas e “ismos” en general, especie de correa de transmisión para la circulación de las ideas (Anna Boschetti, Ismes. Paris, CNRS Editions, 2014). A esos estudios se suman los atentos a la persistencia de los “grandes autores” como inductores capaces de encuadrar cognitivamente la circulación internacional de las ideas y orientar prácticas que las viabilizan (Gisèle Sapiro y Marco Santoro: “On the social life of ideas and the persistence of the author in the social and the human sciences”, Sociologica, Bologna, n° 1, 2017.

  25. Christophe Charle y Laurent Jeanpierre: “Révolutions visibles e invisibles”, en Christophe Charle y Laurent Jeanpierre (eds) La vie intellectuelle en France, vol 1. Des lendemains de la Révolution à 1914, Paris, Éditions du Seuil, 2016.

  26. La categoría de “intérprete del Brasil” es indisociable de una tradición cultural cuyos orígenes se remontan a las colecciones brasileñas (Gustavo Sorá, Editar desde la izquierda em América Latina. La agitada historia del Fondo de Cultura Económica y de Siglo XXI, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2017). A fin de hacer inteligible a un lector extranjero la problemática desarrollada, conviene caracterizar en líneas generales el sentido más corriente del término, aclarando desde luego que en él se mezcla un título honorífico —es decir, ser erigido en la categoría de “intérprete” consiste en una de las consagraciones más elevadas en el sistema intelectual brasileño— y presupone un autor autorizado para tener efectividad. Entre los practicantes de las ciencias sociales brasileñas, el término “intérprete” tiene un sentido preciso y una posición simbólica destacada. Se trata, en general, de autores fallecidos que produjeron obras ensayísticas de interpretación de la formación histórica brasileña (lo que significa discutir la introducción de la modernidad occidental y el patrón de desarrollo capitalista, y sus especificidades nacionales); además, tales ensayos se leen, releen, comentan y se presentan como opuestos a las delimitaciones disciplinarias (puesto que son a la vez históricos, políticos, sociológicos, geográficos, etc.) y a los parámetros profesionales (desconocen, ignoran y/o rechazan las formas de comprobación científica así como sus parámetros de extensión y límites). Una consulta al ranking de los intérpretes de las ciencias sociales indica que los nombres que ocupan los dos primeros lugares son marxistas de las ciencias sociales que pertenecieron tanto al espacio político como al científico. Pero, a partir del tercer lugar, el cuestionario sorprende con una dimensión propia del marxismo: se trata de un hallazgo contraintuitivo, pues aparecen personas vivas, los profesores universitarios arriba presentados y no autores de ensayos interpretativos de la formación capitalista/moderna brasileña. Los marxistas poseen, por lo tanto, vínculos estrechos con el espacio en el cual actúan (la universidad), pero producen, a partir de sus particularidades (necesidad de traductores y comentaristas, por ejemplo), prácticas propias y modalidades específicas de valorización de sus agentes.

  27. En este artículo se presenta sólo una de las posibilidades de análisis del ranking. Otras posibilidades ya fueron exploradas y presentadas en diversas ocasiones: a) desde el punto de vista morfológico, la relación entre las propiedades sociológicas de “autores/electores” y de “lectores/electores”; b) desde el punto de vista político, la relación entre las preferencias y la militancia política de “autores/electos” y “lectores/electores”; c) acuerdos y desacuerdos entre los autores elegidos por marxistas (que responden el cuestionario) y por los científicos sociales brasileños en general; d) cómo se produce socialmente el sentimiento de “deber leer” (Lidiane Soares Rodrigues, “O que um ranking tem a dizer”. Associação Brasileira de Ciência Política (ABCP), 2016, disponível: https://cienciapolitica.org.br/system/files/documentos/eventos/2017/04/que-hit-parede-tem-dizer-1052.pdf).

  28. Resulta importante aclarar que el análisis expuesto se ocupa sólo de los cinco primeros autores del ranking, ya que presenta “bandas” de concentración y cada una de ellas requiere un tratamiento diferenciado en función de la capacidad de agregación de los encuestados. Por ejemplo, los nombres de Florestan Fernandes y de Caio Prado Jr. concentraron las respuestas, son autores capaces de promover la integración de las preferencias en un espacio altamente disperso. Se trata de dos fuerzas de convergencia en un conjunto de opciones caracterizadas por divergencias. En el tercer lugar, las líneas de fuerza dispersivas se superponen, ya partir del 6° alcanzan un nivel muy bajo de agregación, lo que exige un análisis separado. En general, el ranking documenta la ausencia de centralización del sistema universitario brasileño y la correlativa ausencia de convergencia de parámetros y patrones, evidente tanto en la distancia porcentual entre el 2º y el 3º lugar como en la diversidad de respuestas, que contabilizaron un total de 97 autores diferentes (imposibles de ser presentados aquí).

  29. Afrânio-Raul Garcia: “Elite’s recomposition and state-building in contemporary Brazil (1920-1964)”, Historical Social Research, n° 2, Vol. 33, 2008; Leticia Canêdo, “Les boursiers de la Fondation Ford et la recomposition des sciences sociales brésiliennes: le cas de la science politique”, Cahiers de la Recherche sur l’‟Éducation et les Savoirs, Vol. 2, 2009.

  30. Sergio Miceli, A Fundação Ford no Brasil, São Paulo, Sumaré/Fapesp, 1993.

  31. Son los casos de Roberto Cardoso de Oliveira (Museo Nacional/Antropología), Candido Mendes de Almeida (Instituto Universitario de Investigaciones del Estado de Río de Janeiro/IUPERJ-Ciencia Política) y Fernando Henrique Cardoso (Centro Brasileiro de Análisis y Planeamiento/CEBRAP, multidisciplinario).

  32. Creemos importante destacar que muchos presentan procesos de reconversión en el período del doctorado en el exterior: pasan de exmilitantes de izquierda a defensores del punto de vista de la competencia profesional. Son ejemplos conspicuos los cientistas políticos Bolívar Lamounier, Simon Schwartzman y Wanderley Guilherme dos Santos. Los dos primeros, cercanos de los católicos de la Acción Popular y el último, del Partido Comunista Brasileño, todos ellos doctorados en los EE.UU y denominados como “generación del 68” (Fabio Keinert, “Cientistas sociais entre ciência e política (Brasil, 1968-1985)”, Tesis de Doctorado, USP, 2011).

  33. Luiz Carlos Jackson, Sociologia no espelho, São Paulo, 34, 2014.

  34. Florestan Fernandes, A revolução burguesa no Brasil, São Paulo, Hucitec, 1975.

  35. Fernandes dictó cursos sobre “la naturaleza sociológica de la sociología” y sobre la Revolución Cubana en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP). Ideó las revistas Debate y Crítica y Contexto, y contribuyó con diversos periódicos —oficiales y “alternativos”— como Leia Livros, Voz da Unidade, Nova Escrita Ensaio, Opinião, Movimento, Senhor, Senzala, Folhetim. Entre las actividades editoriales, se destacan la coordinación de la colección Grandes Cientistas Sociales de Editora Ática (la que se tratará en el texto principal dada su centralidad en el espacio de las ciencias sociales brasileñas) así como la dirección de la colección Pensamiento Socialista de Editora Hucitec. A partir de 1983, escribió periódicamente en Folha de S. Paulo.

  36. Lidiane Soares Rodrigues, “Centralidade de um cosmopolitismo periférico: a ‘Coleção Grandes Cientistas Sociais’ no espaço das ciências sociais brasileiras (1978-1990)”, Sociedade e Estado, Vol. 33, n° 3, set/dic, 2018.

  37. Lidiane Soares Rodrigues, Florestan Fernandes: interlúdio, São Paulo, Hucitec, 2010.

  38. Roger Chartier, A ordem dos livros, Brasília, Ed. UnB, 1999.

  39. Los sondeos de los que se dispone para el período señalan el ingreso, en todos los niveles del sistema educativo, de alumnos cuyas familias presentan un recorrido escolar accidentado y pocos años de escolarización. Las especificidades de los modos de aprender y la conducta ambivalente en relación a la cultura legítima de estos estudiantes son conocidas (Pierre Bourdieu: “O mercado de bens simbólicos”, en Sergio Miceli (ed.), A economia das trocas simbólicas, São Paulo, Perspectiva, 2003). Es en este nicho de mercado que Ática actúa y que Florestan Fernandes encuentra su público preferencial.

  40. Editora Ática se sitúa en el proceso más amplio del establecimiento de la industria cultural a escala nacional, similar al observado en la década del setenta en otros dominios de la producción de bienes simbólicos, como el televisivo, el cinematográfico, y el periodístico.

  41. Es imposible incluir en este artículo el análisis de la distribución de los autores por disciplinas, sus nacionalidades, el perfil de los organizadores de los volúmenes, etc. Remito al lector a Lidiane Soares Rodrigues, “Centralidade de um cosmopolitismo periférico…”, op. cit.

  42. Es así como los presenta la práctica editorial, y ello es explicitado por Boitempo. Y es así, naturalmente, como los lectores los “consumen”. Desde una perspectiva analítica, en el intercambio entre los estudios del mundo del libro y la edición y la sociología de la cultura, los textos subsidiarios son también instrumentos de encuadramiento de las lecturas, inductores de principios de clasificación y jerarquización, y, por lo tanto, de control, de intervención interesada en el espacio (Gérard Genette, Paratextos editoriais, Cotia, Ateliê, 2009).

  43. El estudio del perfil sociológico de los encuestados —profesores y alumnos incluidos— señala que son originarios de estratos modestos de la población, similares a aquel público de Florestan Fernandes, en las colecciones de Ática. Se trata de un hallazgo contraintuitivo. La imagen de “marxistas de cátedra”, pequeños burgueses, lectores rigurosos de Marx pero no comprometidos en la política militante, tal vez fuera correcta para la minúscula sociabilidad universitaria de los años 1950/1960. Sería necesario ignorar lo que ocurrió con el campo intelectual y con la morfología universitaria hasta 2014, año en que la encuesta fue respondida, para creer que las modificaciones no tuvieron impacto en el tipo de marxismo presente en las universidades brasileñas.

  44. Gisèle Sapiro: “Le champ est-il national?”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales, Paris, Vol. 200, n° 5, 2013; Pascoale Casanova, La langue mondiale. Traduction et domination, Paris, Seuil, 2015; Pierre Bourdieu: “Les conditions sociales de la circulation internationale des idées”, Actes de la recherche en sciences sociales, Paris, Vol. 145, n° 1, 2002; Johan Heilbron: “Exchanges culturels transnationaux et mondialisation: quelques réflexions”, Regards sociologiques, Paris, n° 22, 2001; Abraam De Swaan: “The Emergent World Language System”, International Political Science Review, Vol. 14, n° 3, 1993.

  45. Sólo a título ilustrativo pues no exploraremos aquí esto: el cuestionario indagó sobre la identificación de los marxistas brasileños con las matrices autorales: Gramsci obtuvo el 33,2% de las respuestas y Lukács, 25,8%. Se trata de los autores cuyos agentes principales de importación, en los medios comunistas, son justamente Carlos Nelson Coutinho y José Paulo Netto.

  46. Cualquier balance bibliográfico acerca del marxismo y del comunismo en Brasil constata que la cuestión de la importación de las ideas es un problema ineludible. A modo de ejemplo: Bernardo Ricúpero denominó el trabajo intelectual de Caio Prado Jr. como “nacionalización” del marxismo (Bernardo Ricúpero, Caio Prado Jr. e a nacionalização do marxismo, São Paulo, Editora 34, 2000); Daniel Aarão Reis, discutiendo la relación de fidelidad de los comunistas con las directivas de la Internacional Comunista (IC), ironizó con el título “la revolución faltó al encuentro” (Daniel Aarão Reis, A revolução faltou ao encontro. Os comunistas no Brasil, São Paulo, Brasiliense, 1990). Se señala que la posición periférica/dominada en el conjunto de los intercambios simbólicos globales —y la consecuencia de ella, arriba indicada— es válida también para los demás países latinoamericanos (Martín Cortés, Un nuevo marxismo para América Latina. José Aricó: traductor, editor, intelectual, Buenos Aires, Siglo XXI, 2015; Gustavo Sorá, Editar desde la izquierda em América Latina. La agitada historia del Fondo de Cultura Económica y de Siglo XXI, Buenos Aires, Siglo XXI, 2017).

  47. Carlos Nelson Coutinho, “Entrevista”en Marcos Nobre y José Marcio Rego (eds.) Conversas com filósofos brasileiros, São Paulo, Editora 34, 2000, p. 382.

  48. José Paulo Netto, 2013, s/p. Disponible en: http://cechaibmacau.blogspot.com/2013/02/entrevista.html?m=0

  49. Ricardo Antunes: “Entrevista”, en Maria Rita Loureiro, Élide Rugai Bastos y José Marcio Rego (eds.), Conversas com sociólogos brasileiros, São Paulo, FGV, 2008, p. 384.

  50. Sin minimizar el peso y el significado de esta adhesión, de la que dan cuenta sus prisiones y el autoexilio, es también preciso reconocer que su red de apoyo al interior de las élites fue accionada en momentos difíciles de su recorrido. Sin embargo, animados por un espíritu apologético inocultable, la mayor parte de sus biógrafos—que trabajan con documentación abundante o escasa— tienden a presentarlo como un intelectual completamente inmune a los condicionantes clasistas y partidarios, como un héroe ajeno a las restricciones de esos factores, debido al hecho de haber roto con su clase (al adherirse al PCB) y de haberse mantenido al interior del partido formulando críticas a la dirección. La eficacia de esta representación explica en parte la posición del autor en el ranking, como se argumenta en el transcurso del artículo.

  51. Fernando Limongi: “Marxismo, nacionalismo e cultura: Caio Prado Jr. e a Revista Brasiliense”, Revista Brasileira de Ciências Sociais, n° 5, Vol. 2, 1987; Leôncio Martins Rodrigues: “O PCB: os dirigentes e a organização”, en Boris Fausto (ed.), História geral da civilização brasileira. O Brasil Republicano, São Paulo, Difel, 1981, Vol. 3, t. 3.

  52. A fin de evitar malentendidos, conviene subrayar que este trabajo, realizado de modo cabal por el historiador Fernando Novais, incide sobre la obra de Caio Prado Jr. de modo similar a lo que el grupo de seminaristas de Giannotti, del que formó parte, ha realizado para el marxismo; el cual confería contornos académicos e imprimió principios selectivos a la obra de Caio Prado Jr., que lo hicieron un historiador ineludible para el área. Baste referirse al hecho de que hay una fracción significativa de la obra de Caio Prado Jr. jamás leída o referenciada por historiadores profesionales (Caio Prado Jr., O estruturalismo de Lévi-Strauss e o marxismo de Louis Althusser, São Paulo, Brasiliense, 1971). Dicho de otro modo, este trabajo es distinto del trabajo biográfico de producción de un “historiador sin historia”.

  53. Ídem, p. 35.

  54. En este artículo, se destaca sólo la dimensión “partidaria” y “universitaria” en juego en las prácticas y representaciones de los autores. Sin embargo, existen otros dos atributos sociales igualmente relevantes en los contornos del ethos de los marxistas brasileños: a) su masculinización y los valores viriles a ella correspondientes; b) sus orígenes de clase y la metamorfosis simbólica a que ella es sometida por la lógica del espacio social. Los testimonios siguientes ilustran la forma en que Caio Prado Jr. se convierte en un modelo ejemplar de hombre y de “traidor de clase”, afianzando una pertenencia al grupo y la integridad de su posición política: “También hay que resaltar su valor. Un hombre intrépido, que aceptó serenamente los combates y los sacrificios, siempre en la línea de frente de batalla, defendiéndose y atacando con dignidad” (Ídem, p. 32); “Hay otro aspecto de la personalidad de Caio que me gustaría destacar: la valentía” (p. 35); “La primera vez que fui a la casa de Caio Prado Jr. pensaba que iba a encontrar allí un ambiente lujoso, exquisito, de ostentación. ¡Nada de eso! […] una vida simple, moderada, espartana adornaba el carácter de quien […] no recurría al nivel de vida y al prestigio de clase, pues ya había renegado de su clase […] El deber estaba por encima de los placeres mundanos y del éxito pasajero. Ser fuerte y no ceder incluso en las pequeñas cosas no era una virtud ¡era una obligación mínima! Sólo la firmeza, la esperanza y el amor justificaban las promesas del comunismo” (Ídem, p. 39; los destacados son nuestros). La demostración detallada de este punto, así como el examen del nexo entre los orígenes de clase de los marxistas y de los autores del ranking, se pueden encontrar en Lidiane Soares Rodrigues, “O que um ranking tem a dizer”. Associação Brasileira de Ciência Política (ABCP), 2016, disponible: https://cienciapolitica.org.br/system/files/documentos/eventos/2017/04/que-hit-parede-tem-dizer-1052.pdf.

  55. Guardadas los debidos recaudos sobre las diferencias de material y contexto, el análisis, obviamente se inspira en la primeira parte de Pierre Bourdieu, La noblesse d’État, Paris, Éditions de Minuit, 1989.

  56. Catherine Colliot-Thélène, “Le materialisme historique a aussi une histoire”, Actes de la recherche en sciences sociales, Paris, n° 55, noviembre 1984; Georges Haupt: “Marx e o marxismo”, en Eric Hobsbawm (ed.) História do marxismo, Vol. 1, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1983.

  57. Lidiane Soares Rodrigues: “Leitores e leituras acadêmicas de Karl Marx (São Paulo, 1958-1964)”, Intelligere, São Paulo, Vol. 2, n° 2, 2016; Isabelle Gouarné, L’ introduction du marxisme en France. Philosoviétisme et sciences humaines (1920-1939), Rennes, Presses universitaires de Rennes, 2013.

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